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buiter4_Boonyachoat Getty Images_businessmangrowthmoneyplant Boonyachoat/Getty Images

Cuando los bancos centrales se vuelven verdes

NUEVA YORK – Confrontados con la cuestión del cambio climático, los bancos centrales enfrentan una cantidad de interrogantes. ¿Los responsables de las políticas monetarias (y otros reguladores y supervisores financieros) deberían centrarse en las implicancias del cambio climático en la estabilidad financiera? ¿Deberían tratar al cambio climático como una potencial amenaza para su capacidad a la hora de aplicar sus mandatos macroeconómicos de pleno empleo y/o estabilidad de precios? ¿Mitigar las consecuencias adversas del cambio climático debería convertirse en un objetivo de política monetaria explícito?

Al considerar estas cuestiones, es importante recordar que existen dos tipos distintos de riesgos financieros asociados al cambio climático. El primero incluye los riesgos de la transición o mitigación que surgen a partir de un cambio exitoso a un futuro con menos emisiones de carbono. Por ejemplo, las políticas de mitigación climática y de energías verdes podrían resultar en activos bloqueados –por caso, las reservas de combustibles fósiles- cuyo valor decaería marcadamente, debido a un cambio fundamental en la demanda generado por la legislación, la regulación, la tributación, la tecnología, los gustos y demás.

La segunda clase de riesgo financiero tiene que ver con la incapacidad de abordar el cambio climático de manera efectiva. Existen riesgos físicos asociados con la adaptación a un futuro con mayores emisiones de carbono, entre ellos la destrucción de activos comerciales y naturales reales, así como de capital humano. Un amplio rango de desastres naturales amenazaría la infraestructura, otras estructuras privadas y públicas, la tierra y los recursos acuíferos. Y los mayores riesgos de lesiones, muerte o ganancia potencial perdida para la gente podrían tener consecuencias financieras adversas no sólo para aquellos afectados directamente, sino también para los proveedores de seguros y otras partes.

Al menos desde la firma del acuerdo climático de París en 2015, los reguladores y los supervisores financieros han sido conscientes de los riesgos que plantea el cambio climático para la estabilidad financiera. La Autoridad de Regulación Prudencial del Reino Unido ahora le presta especial atención al potencial impacto del cambio climático en los sectores de seguro y bancario y, junto con la Autoridad de Conducta Financiera del Reino Unido, ha modificado los marcos de supervisión y regulación en consecuencia.

De la misma manera, el Grupo de Trabajo sobre la Revelación Financiera Relacionada con el Clima del Consejo de Estabilidad Financiera ha desarrollado recomendaciones para crear resiliencia climática que hoy cuentan con un amplio respaldo. Y la Red de Bancos Centrales y Supervisores para Enverdecer el Sistema Financiero, creada en 2017, ofrece recomendaciones regulares para cómo los bancos y otras instituciones financieras pueden abordar los riesgos financieros relacionados con el clima.

Como sugiere esta proliferación de iniciativas regulatorias y de asesoramiento, los riesgos climáticos podrían tener un impacto de primer orden en la capacidad de las autoridades monetarias para aplicar sus objetivos macroeconómicos tradicionales. Las manifestaciones extremas de cambio climático podrían deprimir la demanda agregada y la potencial producción de manera significativa, impredecible y durante períodos muy prolongados.

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En las últimas décadas, los bancos centrales han enfrentado algunos retos estanflacionarios significativos (bajo crecimiento económico de la mano de alta inflación) más allá del caso familiar de las crisis del precio del petróleo. Pero eso podría cambiar si los efectos adversos del lado de la oferta y la demanda del cambio climático se vuelven más frecuentes y severos. Es más, el riesgo climático más amplio podría significar que el horizonte temporal de la política monetaria (por lo general 2-3 años) tendrá que ser extendido para permitir crisis climáticas persistentes, de baja frecuencia y alto impacto.

Ni la Reserva Federal de Estados Unidos ni el Banco de Japón tienen un mandato que busque mitigar el cambio climático. Al Banco de Inglaterra, sin embargo, se le exige “mantener la estabilidad de precios y, sujeto a eso, respaldar la política económica del gobierno de Su Majestad”, que podría incluir el apoyo de políticas climáticas. Y, en Europa, la nariz del camello de la política climática está decididamente bajo la tienda de la política monetaria. El principal objetivo del Banco Central Europeo es “mantener la estabilidad de precios y, sin perjuicio de este objetivo, respaldar las políticas económicas generales en la Unión”, lo que incluye brindar “un alto nivel de protección ambiental y mejora de la calidad del medio ambiente”, y contribuir “a la paz, la seguridad y el desarrollo sostenible de la Tierra”. 

En declaraciones recientes ante el Parlamento Europeo y los medios, la presidenta del BCE, Christine Lagarde, ha indicado que los riesgos climáticos son, por cierto, una preocupación para el BCE, y ha sugerido que la mitigación climática podría agregarse como un objetivo de política monetaria del BCE, luego de una revisión en curso del marco de políticas del banco. De ser así, esto tendría que implementarse a través de las operaciones de obtención y concesión de préstamos del BCE y cualquier programa de compra de activos que pretenda implementar.

Por ejemplo, el BCE podría favorecer las compras de instrumentos financieros que cumplan con ciertos objetivos “verdes”, transformando el alivio cuantitativo (QE) en “enverdecimiento cuantitativo”. Y sus operaciones de refinanciamiento a más largo plazo podrían ofrecer mejores términos y condiciones colaterales a las empresas cuyo comportamiento acompañe los objetivos climáticos. Siempre y cuando estas intervenciones financieras se hagan “sin perjuicio” del objetivo de la estabilidad de precios, la mitigación climática podría convertirse en un objetivo secundario legítimo del BCE. Mientras que el tamaño de las operaciones de QE estaría dictado por el objetivo de la estabilidad de precios, la composición podría desviarse hacia bonos verdes y otros títulos que cumplan con estándares “ambientales, sociales y de gobernanza” o “de inversión socialmente responsable”.

Sin duda, el presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, ha objetado la práctica de desviar las compras de activos hacia bonos verdes, con el argumento de que esto iría en contra del principio de neutralidad de mercado, tal como está delineado en el Artículo 127 de la versión consolidada del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea. Sin embargo, dado que ni el Artículo 127 ni el resto del tratado contiene referencia alguna a este principio, la objeción de Weidmann parece insustancial.

Por lo tanto, debemos esperar ver “QE verde” en el futuro no tan lejano tanto en la eurozona como en el Reino Unido. Sin embargo, en lo que concierne a Estados Unidos y Japón, sería necesario hacer cambios en los mandatos de la Fed y del Banco de Japón antes de que una medida así resultara posible.

https://prosyn.org/d7DDzoQes;

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