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Un reconocimiento a lo irracional

Mis aplausos para los nuevos premios Nobel de economía: Daniel Kahneman, de la Universidad de Princeton y Vernon Smith, de la Universidad George Mason de Virginia. Como muchos otros premios Nobel, estos galardones son un reconocimiento no sólo al trabajo señero realizado por Kahneman y Smith, sino también a las escuelas de pensamiento que ayudaron a liderar.

Kahneman, que es sicólogo, ha demostrado cómo las personas se comportan sistemáticamente de modos menos racionales que lo que creen los economistas ortodoxos. Su investigación muestra no sólo que las personas a veces actúan de modo diferente a lo que predicen las teorías económicas estándar, sino que lo hacen de manera regular y sistemática, y en formas que se pueden comprender e interpretar mediante hipótesis alternativas que compiten con las utilizadas por los economistas ortodoxos.

Para todos los participantes del mercado (y, de hecho, para los observadores comunes y corrientes) esto no parece ser una gran novedad. Los agentes de Wall Street que pusieron a la venta acciones que sabían que no iban a valer nada explotaron la irracionalidad que Kahneman y Smith han expuesto. Gran parte de la fiebre que condujo a la economía de burbuja se basó en la explotación de la sicología de los inversionistas.

De hecho, esta irracionalidad no es una novedad tampoco para la profesión de los economistas. Hace mucho tiempo John Maynard Keynes describió al mercado de valores como algo basado no en personas racionales que luchan por develar las reglas fundamentales del mercado, sino como un concurso de belleza en el que gana quien adivina el veredicto de los jueces.