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Celebración del modelo alemán

PRINCETON – Si alguien deseaba una prueba de que no estamos en el mundo político y mental de la Gran Depresión de entreguerras, el resultado de las elecciones alemanas y su consecuencia –un gobierno estable de centro derecha– deben ser decisivos. En la Alemania de entreguerras, la depresión destruyó la democracia alemana y propició el ascenso al poder de Hitler y los nacionalsocialistas; en la Alemania de hoy, la crisis económica más grave desde la segunda guerra mundial ha propiciado la reelección de Frau Merkel.

La opinión habitual afirma que en épocas de dificultades económicas los votantes castigan los partidos y los políticos gobernantes. A lo largo de toda la campaña en ningún momento ha cabido la menor duda sobre la posición o la popularidad de la canciller Angela Merkel.

La depresión de entreguerras propició la desintegración de los valores políticos y económicos liberales. En la Alemania de 2009 no sólo no ha habido un vuelco en pro del extremismo político de derecha, sino también señal alguna de apoyo a la derecha radical. En las elecciones a los parlamentos regionales, los pequeños partidos radicales de derecha (que nunca han sido una característica de la política nacional) han desaparecido, sencillamente.

El verdadero vencedor de la campaña, con un voto que ha saltado hasta el 14,5 por ciento y a una posición en el Parlamento que determinará la forma del nuevo gobierno de coalición, ha sido el heredero del liberalismo clásico alemán: el Partido Liberal Democrático, que ha basado su campaña en la promesa de una reducción de los impuestos y de la desreglamentación para estimular el crecimiento económico que Alemania necesita con vistas a salir de la crisis económica.