Cuidando a los Animales en la Era de la Fiebre Aftosa

Hace poco, en la televisión británica, un granjero habló con lágrimas en los ojos del hecho de que sus ovejas estaban siendo sacrificadas para prevenir la propagación de la fiebre aftosa: "Lamentamos tanto ver a nuestros corderos morir; deberían ser el símbolo de la primavera, de la vida nueva. Pero ahora se mueren debido a esta horrible enfermedad". Hipocresía total.

Antes de que usted empiece a llorar de compasión por el granjero, hágase una pregunta: ¿Cuál hubiera sido el destino de los corderos si no hubiera habido brotes de fiebre aftosa? El granjero hubiera arrebatado a estos pequeños símbolos de la primavera del seno de sus madres, los hubiera apretujado en camiones y los hubiera mandado al matadero. El símbolo de la vida nueva se hubiera convertido en carne muerta. Entonces el granjero hubiera ido felíz a cobrar el cheque que recibiría a pago por hacer esto. (De cualquiera forma recibirá un cheque, pues el gobierno compensa a los granjeros por los animales sacrificados para contener los brotes de la enfermedad.)

Quizá los corderos pierdan unas cuantas semanas de vida, pero también se les ahorró la angustia de la separación de sus madres, de la miseria de la transportación, que podía ser de cientos de kilómetros, y de la aglomeración y el terror del matadero.

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