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Cuidando a los Animales en la Era de la Fiebre Aftosa

Hace poco, en la televisión británica, un granjero habló con lágrimas en los ojos del hecho de que sus ovejas estaban siendo sacrificadas para prevenir la propagación de la fiebre aftosa: "Lamentamos tanto ver a nuestros corderos morir; deberían ser el símbolo de la primavera, de la vida nueva. Pero ahora se mueren debido a esta horrible enfermedad". Hipocresía total.

Antes de que usted empiece a llorar de compasión por el granjero, hágase una pregunta: ¿Cuál hubiera sido el destino de los corderos si no hubiera habido brotes de fiebre aftosa? El granjero hubiera arrebatado a estos pequeños símbolos de la primavera del seno de sus madres, los hubiera apretujado en camiones y los hubiera mandado al matadero. El símbolo de la vida nueva se hubiera convertido en carne muerta. Entonces el granjero hubiera ido felíz a cobrar el cheque que recibiría a pago por hacer esto. (De cualquiera forma recibirá un cheque, pues el gobierno compensa a los granjeros por los animales sacrificados para contener los brotes de la enfermedad.)

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Quizá los corderos pierdan unas cuantas semanas de vida, pero también se les ahorró la angustia de la separación de sus madres, de la miseria de la transportación, que podía ser de cientos de kilómetros, y de la aglomeración y el terror del matadero.

Cuando se sacrifica a los cerdos criados intensivamente como una medida de control, pierden aún menos. Mantenidos en el encierro toda su vida, en pisos de concreto desnudo sin paja para dormir –los cerdos adoran la paja, pero cuesta dinero y hace difícil la limpieza de los pisos–, sin nada que hacer a excepción de los cortos periodos en los que comen, resulta difícil pensar que una existencia más larga pueda darles algún beneficio. Es una cuestión de juicio, y habrá quienes no estén de acuerdo, pero desde mi punto de vista, de los cerdos de fábrica los afortunados son los que son sacrificados. Los desafortunados tienen que vivir más tiempo.

He estado leyendo columnas de periódicos en las que los escritores hablan de lo terrible que es esta carnicería en masa de cientos de miles de animales. Cuestionan la necesidad de hacerlo, anotando que la enfermedad no presenta riesgo para los humanos y aún para los animales, 95% se recuperarán en una o dos semanas, o lo harían, si no se les sacrificara primero. Incluso hay una vacuna para la enfermedad.

Los columnistas señalan que la verdadera razón para la matanza es económica. La enfermedad genera un paro temporal en la producción y una vez que la fiebre aftosa se establece en un país, otros países prohibirán la importación de su carne y sus productos lácteos porque no quieren que la enfermedad alcance a sus animales.

La vacunación, sin embargo, no resuelve el problema de la exportación porque produce falsos positivos en las pruebas de sangre de animales que se sospecha pueden tener la enfermedad, de manera que los países importadores no saben si encontraron a un animal que sufre la enfermedad o a un animal que fue vacunado contra ella. Hacer más pruebas para distinguir entre los animales infectados y los vacunados resulta oneroso y aún no se ha probado que sea confiable. Para permanecer del lado seguro, los países prohiben de todas formas la importación de animales vacunados.

Así, una vez habiendo demostrado que la matanza es innecesaria, se dice que debería parar, que muestra una actitud errónea hacia los animales, que debemos mostrarles más respeto y no sólo tratarlos como un medio para alcanzar nuestros fines. Aunque no son vegetarianos, algunos de estos columnistas dicen que están tan asqueados de las imágenes que ven en televisión que han estado pensando en renunciar a la carne.

!Por favor! ¿En dónde ha estado la gente todos estos años? Debían saber que todos estos animales serían sacrificados de cualquier manera. Si pueden leer y no ignoraron deliberadamente todo lo que pudiera alterar su paz mental, también debían saber ya que la totalidad de la industria pecuaria es innecesaria, que seríamos personas más sanas y dañaríamos menos el ambiente sin ella.

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Estos animales son sólo medios para nuestros propios fines, esa es su única razón de existir. ¿Cómo podrían los granjeros tratarlos con respeto si los consumidores quieren carne más barata y los supermercados utilizan su inmenso poder de regateo para forzar a los productores a usar todos los medios posibles de reducción de costos?

Sí, renuncien a la carne. Es la decisión correcta y mejor tomarla tarde que nunca. Pero no renuncien porque les da lástima que los animales sean sacrificados o porque no les gusta la actitud que implica hacia los animales el hecho de que toda esta matanza se esté llevando a cabo sólo por las ganancias económicas. Renuncien porque toda esta carnicería les ha finalmente mostrado la verdadera naturaleza de la actual industria pecuaria.