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Los bastardos morales del capitalismo

Las revelaciones recientes de que muchos ejecutivos de corporaciones dataron sus opciones en la bolsa a una fecha anterior de la real, asegurándose compensaciones sustanciosas incluso si sus compañías tenían malos resultados, no son más que los últimos de una andanada de ejemplos de malas prácticas empresariales. En una época en que las pensiones y beneficios de la gente común y corriente parecen evaporarse, los pantagruélicos paquetes salariales de los Directores Ejecutivos han generado una actitud crítica en el público, que se pregunta en qué momento las grandes empresas erraron el camino.

La respuesta puede ser bastante simple: demasiados directivos han perdido de vista los valores humanos básicos y abrazado el credo que Gordon Gekko expresara en la película Wall Street : “La codicia es buena.”

Sin embargo, cada vez más estudios concluyen que la codicia no siempre es buena, y que los valores morales son un elemento necesario en la conducta empresarial. Los Gordon Gekkos son predadores que se apropian de las ganancias rápidas. Aunque cumplen un propósito útil al mantener alertas a otros actores y elevar la eficiencia a través de la competencia, la mayor parte de los participantes del mercado los evitan, prefiriendo hacer negocios con los Warren Buffetts: hombres de negocios de alto dinamismo, pero conocidos por jugar según las reglas y crear un valor de largo plazo.

Piénsese en cuando uno va a un centro comercial, donde se pueden comprar productos fabricados y enviados desde todo el planeta. Este envío descentralizado de bienes depende de empleados que trabajan dos semanas antes de recibir un cheque por su salario, compañías que se ofrecen entre si líneas de crédito, y bancos que ofrecen préstamos puente. Si bien los seres humanos han intercambiado bienes desde el nacimiento de la civilización, el sistema impersonal de comercio tiene apenas unos 1000 años de antigüedad. Aunque existen remedios legales en caso de que este sistema no funcione completamente, el comercio impersonal no puede ocurrir a menos que la mayor parte de las personas compartan los mismos valores de prácticas justas y cooperación recíproca.