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La rebelión del capital

LOS ÁNGELES – La fortaleza más grande del capitalismo ha sido su vigor –su capacidad de sobrevivir a los problemas y desafíos de crisis y ciclos empresariales para estimular la innovación y el crecimiento económico. Sin embargo, ahora que ha habido una crisis de crédito que ha durado más de cuatro años, un misterio evidente pone en duda este legado.

A pesar de las recientes esperanzas de recuperación en los Estados Unidos, incluida una reducción de inventarios en el cuarto trimestre de 2011, el crecimiento real del PIB estadounidense ha permanecido sistemáticamente por debajo de la tendencia. Además, aunque los datos sobre el empleo para el mes de enero ajustados estacionalmente muestran que la tasa de desempleo ha disminuido a 8.3% (cuando de hecho se perdieron empleos en enero), la tasa de “subempleo” más realista sigue siendo superior al 15% y la tasa de participación de la fuerza laboral es la más baja de los últimos 30 años. Además, es claro que los Estados Unidos son los únicos con problemas, pues la eurozona está luchando con una crisis de deuda soberana mucho más apremiante.

Entonces, ¿por qué es diferente ahora? La respuesta la ofrece la invocación retórica de desesperanza de Ayn Rand en su épico La rebelión de Atlas: “Quién es John Galt?” publicado en 1957. Sencillamente, cuando el Estado se apodera de los incentivos y los motores de la inversión de capital, los propietarios del capital se declaran en huelga.

Rand presenta a los empresarios innovadores como algo similar a Atlas de la mitología griega, quien carga en sus hombros un mundo distópico de un gobierno recaudador cada vez más grande y autoritario. El héroe, John Galt, convoca a todos a rebelarse, a “detener el motor del mundo” mediante el abandono de sus actividades productivas, en lugar de promover un mundo en el que, con el pretexto de la igualdad, se han usurpado los incentivos para proteger a los individuos con conexiones políticas del fracaso económico.