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¿Puede la ciencia salvar a Europa?

VIENA - Cuesta encontrar soluciones fáciles a las actuales dificultades financieras de Europa. La  austeridad autoinfligida se ha topado con el descontento popular, que exige medidas más concretas para reactivar el crecimiento económico y crear puestos de trabajo. Los manifestantes expresan claramente la frustración generalizada con la profundización de la desigualdad, y su condena de los privilegios de la élite financiera mundial se acerca incómodamente a implicar también a los gobiernos.

En el pasado, una situación así se habría descrito como prerrevolucionaria. En el mundo actual, las consecuencias pueden parecer mucho más benignas, pero no menos preocupantes: pérdida de solidaridad, retorno a la insularidad nacionalista y un mayor margen para el extremismo político.

La imagen de Europa se ha visto afectada en consecuencia, sobre todo desde la perspectiva de las pujantes economías de Asia. Mientras que China, la India y otras naciones han disfrutado de un continuo crecimiento económico e inversión en investigación y capacidad de innovación, su percepción del Viejo Continente es que se encuentra al borde de la decadencia económica y política. Peor aún, Europa parece no querer ver la solidez y persistencia de sus puntos fuertes.

Estas fortalezas radican en su base científica, que forma parte del patrimonio cultural que ha dado forma a la identidad europea. En términos de cifras, ya sea de publicaciones científicas, investigadores o acceso general a una educación terciaria de alta calidad, Europa sale bien parada en comparación con sus socios internacionales (que también son competidores).