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¿Egipto puede convertirse en una verdadera democracia?

WASHINGTON, DC – La renuncia de Hosni Mubarak como presidente de Egipto marca el inicio de una etapa importante en la transición de ese país hacia un nuevo sistema político. Ahora bien, ¿la transición política en definitiva conducirá a la democracia?

No podemos saberlo con certeza, pero, en base a la historia de gobierno democrático, y a las experiencias de otros países –el tema de mi libro, El buen nombre de la democracia: el ascenso y los riesgos de la forma de gobierno más popular del mundo-, podemos identificar los obstáculos que enfrenta Egipto, así como las ventajas con las que cuenta, a la hora de construir democracia política.

Para entender las perspectivas democráticas de cualquier país es preciso empezar con una definición de democracia, que es una forma híbrida de gobierno, una fusión de dos tradiciones políticas diferentes. La primera es la soberanía popular, el régimen del pueblo, que se ejercita a través de elecciones La segunda, más antigua e igualmente importante, es la libertad.

La libertad se presenta en tres varintes: libertad política, que adopta la forma del derecho de los individuos a la libre expresión y asociación; libertad religiosa, que implica libertad de adoración a toda fe; y libertad económica, que está representada en el derecho a la propiedad.