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¿Pueden los países en desarrollo impulsar la economía mundial?

CAMBRIDGE – En los primeros días de la crisis financiera global había cierto optimismo de que los países en desarrollo podrían evitar la debacle que vivían los países industriales avanzados. Después de todo, esta vez no eran ellos quienes habían caído en excesos financieros y sus fundamentales económicos parecían sólidos. Sin embargo, estas esperanzas quedaron en nada a medida que se secaba el crédito y colapsaba el comercio internacional, enviando a los países en desarrollo a la misma espiral en que cayeron las naciones industriales.

No obstante, el comercio y las finanzas internacionales han resucitado, y ahora escuchamos una versión todavía más ambiciosa de ese escenario. Se dice que los países en desarrollo se encaminan a un fuerte crecimiento, independientemente del desánimo y las malas nuevas que han regresado a Europa y los Estados Unidos. Lo que es más notable: muchos esperan ahora que el mundo en desarrollo se convierta en el motor del crecimiento de la economía mundial. Otaviano Canuto, uno de los vicepresidentes del Banco Mundial, y sus colaboradores acaban de producir un largo informe que abunda en detalles acerca de este optimista pronóstico.

Hay varias razones por las que este optimismo no es poco razonable. La mayoría de los países en desarrollo han ordenado sus cuentas financieras y fiscales y no cargan con altas deudas. Por lo general, los regímenes de gobierno están mejorando, junto con la calidad de la formulación de políticas. Las posibilidades de transferencia de tecnología a través de la participación en las redes de producción internacionales son mayores que nunca.

Más aún, el lento crecimiento en las economías avanzadas no tiene por qué ser un freno al desempeño de los países en desarrollo. El crecimiento de largo plazo depende no de la demanda externa, sino de la oferta interna. Un crecimiento rápido y sostenido es el resultado de que los países comparativamente más pobres van alcanzando los niveles de productividad de los países ricos, no del crecimiento de los países ricos en sí mismos. Para la mayor parte de los países en desarrollo, esta "brecha de convergencia" es hoy más amplia que en ningún momento desde la década de los 70, de manera que el potencial de crecimiento es proporcionalmente mayor.