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¿Mayordomos, panaderos y capitalistas?

La revolución comunista desarrollada en los siglos diecinueve y veinte buscaba concentrar la propiedad del capital en los gobiernos. Más tarde, en las décadas finales del siglo veinte, una contrarrevolución recorrió el mundo, empujando en la dirección opuesta: dispersar el capital tanto como sea posible, haciendo que todos participen como propietarios.

Ahora esta contrarrevolución está llegando a un extremo lógico: si todos pueden ser propietarios, cualquiera puede ser un capitalista, hasta el peluquero, el mozo o el recolector de basura. Un espectro nos hechiza nuevamente; esta vez es el sueño de democratizar verdaderamente el capitalismo.

Sin embargo, hacer que todos se conviertan en capitalistas puede ser algo tan imposible como el sueño comunista de convertir a todos y cada uno en trabajadores llenos de mística socialista. El interés en los arcanos principios de las finanzas siempre ha sido una inclinación propia de personas que gustan de concentrarse en tablas numéricas y estudiar fórmulas matemáticas. A veces estas personas se enriquecen, y sería una buena cosa el que todo el mundo pudiera imitarlas... pero la diversidad de talentos, flaquezas y predilecciones sicológicas de hombres y mujeres hace que esto sea imposible.

El nuevo espíritu del capitalismo democrático adopta distintos nombres y moviliza una variedad de símbolos. Sin embargo, cualquiera sea la manera en que la describamos, la idea de que las masas deben convertirse en propietarias está cobrando fuerza en todas partes.