0

Las deudas de juego de Bush

Las políticas económicas de George W. Bush se han basado en una apuesta extraordinariamente temeraria que refleja una coalición política de dos fuerzas importantes: los extraordinariamente ricos y los cristianos evangélicos. Ante el fracaso de dichas políticas, los mercados financieros mundiales están reaccionando negativamente, lo que provoca una mayor incertidumbre en la economía mundial y no parece haber demasiado alivio a la vista, porque los Estados Unidos están entrando en un período, que será largo, de luchas intestinas y punto muerto en la esfera política.

Los extraordinariamente ricos tenían un objetivo primordial al unirse a la coalición de Bush: reducciones de impuestos que beneficiaron de forma abrumadora a los hogares más acaudalados. Los evangélicos fueron atraídos gracias a los llamados “valores familiares”, es decir, la oposición al aborto y al matrimonio homosexual y las promesas de un apoyo activo del gobierno a las actividades religiosas, incluidos pagos directos a grupos religiosos para los servicios sociales que prestan en los niveles local e internacional.

El equipo de Bush creía que con el tiempo equilibraría las reducciones de impuestos para los ricos con reducciones en los gastos gubernamentales, pero nunca se lo explicó al público. En cambio, durante cuatro años afirmó que los déficit presupuestarios no eran motivo de grave preocupación. Hasta después de la reelección no empezó a explicar que grandes déficit presupuestarios, causados principalmente por menos ingresos fiscales, exigirían recortes importantes en los gastos de la seguridad social, la atención de salud y otros sectores.

Pero la mayoría de los americanos, tras haber apoyado las reducciones de impuestos en el primer mandato de Bush, porque les brindaban un poco de efectivo suplementario, no apoyan el ataque a servicios gubernamentales básicos que ha venido después. Esa oposición se da también en los votantes cristianos evangelistas, que suelen corresponder a hogares de clase trabajadora o clase media dependientes de muchas clases de servicios sociales gubernamentales. Pese a la fe en el “libre mercado” que profesan, muchos fundamentalistas cristianos, como votantes, apoyan las pensiones y la atención de salud financiadas por el gobierno y otros servicios públicos.