Bush hereda el viento

La declaración más chocante tras el Huracán Katrina fue la afirmación del Presidente George W. Bush de que "no pienso que nadie haya podido prever que cederían los diques" que protegen Nueva Orleans de las inundaciones. La mayor parte de la ciudad está construida por debajo del nivel del mar y debe protegerse con diques para mantener el agua bajo control. La preocupación de que los diques pudieran romperse en medio de un huracán potente era común entre científicos, ingenieros y expertos en preparación frente a emergencias. Y, no obstante, aparentemente Bush no sabía de estas inquietudes, incluso días después de que el huracán destruyera los diques e inundara la ciudad.

Aquí queda en evidencia un simple hecho que va mucho más allá de este huracán en particular, e incluso de este presidente en particular: en la política estadounidense existe una profunda desconexión entre el conocimiento científico y las decisiones políticas. Bush tiene una gran responsabilidad en ello. Ha demostrado ser uno de los presidentes estadounidenses menos informados en lo referente a ciencia, y uno de los más dispuestos a convertir en político un tema científico.

En los últimos meses, Bush ha menoscabado las teorías biológicas de la evolución a favor de los dogmas fundamentalistas cristianos. Desdeña la climatología y la ciencia de la salud pública cuando entran en conflicto con las creencias -e intereses- de sus partidarios más incondicionales. En pocas palabras, el historial de Bush en cuanto a políticas científicas ha sido terrible.

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