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La traición de Bulgaria a Europa

Cuando Bulgaria se adhirió a la Unión Europea en enero pasado, creí que mi país por fin había dejado atrás su pasado represivo. Pero la reciente detención y amenaza de deportación de Annadurdy Hadjiev, un disidente de Turkmenistán que pidió asilo en este país, sugiere que algunas cosas nunca cambian.

Si Bulgaria envía a este hombre de regreso a Turkmenistán–en donde con seguridad le espera la tortura y la amenaza de una muerte brutal- nuestra afirmación de que somos parte de la Europa democrática, respetuosa de las leyes sonará falsa. Además, la imagen de la UE como defensora de los derechos humanos en todo el mundo se empañará por su incapacidad para hacer que los Estados miembros se apeguen a sus propias normas.

El caso evoca el recuerdo de los días en que la influencia de la KGB era dominante y los disidentes por toda la Europa Oriental y los territorios soviéticos como Turkmenistán vivían con temor. Hadjiev y su familia huyeron a Europa en 2001, para escapar de uno de los regímenes más represivos del mundo: la dictadura absolutista del ya fallecido Saparmurat Niyazov, quien se decía “Turkmenbashi”, el padre de todos los turcomanos.

Hadjiev, alto miembro del Partido Watan (Republicano) en el exilio, ex vicepresidente del Banco Central de Turkmenistán y después crítico abierto del gobierno de Turkmenbashi, recibió un “permiso condicional humanitario” –categoría que da protección a los individuos pero que no alcanza el estatus de refugiado- cuando llegó a Bulgaria. Sin embargo, desde entonces ha sido objeto de represalias arbitrarias y violentas en este supuesto “refugio seguro”. Y, aunque Turkmenbashi murió en diciembre, su sucesor, Gurbanguly Berdymukhammedov, ha continuado encarcelando disidentes, sofocando la libertad de expresión y mofándose de la democracia, como lo demostraron las elecciones manipuladas de febrero.