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Se agitan las aguas del Golfo

ESTAMBUL – El presidente Barack Obama llega a Arabia Saudita en un momento crítico para el país. La reciente decisión de Riad de retirar al embajador en Qatar dejó en descubierto la gravedad de la crisis dentro del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), en el que participan los vecinos más cercanos del reino saudí. De hecho, tras el reacercamiento entre Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos y el reciente intento de aislar a Qatar, la política del Golfo está oscilando hacia un nuevo equilibrio.

Junto con Arabia Saudita, también retiraron sus embajadores los Emiratos Árabes Unidos y Bahréin. Esto es algo fuera de lo común, teniendo en cuenta la tradición de los estados del Golfo de tratar los desacuerdos políticos como asuntos de familia que deben manejarse detrás de escena. Por su parte, Omán está tratando de mantener distancia de la situación, mientras que Kuwait intentó mediar entre los sauditas y Qatar.

Las acciones de Arabia Saudita contra Qatar obedecen a diversos factores, entre ellos una prohibición a intelectuales sauditas de publicar en diarios cataríes. Otros motivos son: el apoyo de Qatar a la Hermandad Musulmana (en Egipto y en otros países); los sermones del teólogo islámico Yusuf Al Qardawi y la política de transmisión de la cadena Al Jazeera (financiada por Qatar) desde la Primavera Árabe; y la creencia en la idea de que Qatar alberga instituciones occidentales con la intención de organizar un golpe en el reino.

Esa idea se relaciona con el firme rechazo de Arabia Saudita a la Hermandad Musulmana, a la que declaró organización terrorista. El reino percibe la influencia de la Hermandad en los países árabes, particularmente en los estados del Golfo, como una seria amenaza a su estabilidad interna y su supervivencia.