ABD Doumany/AFP/Getty Images

Promesas incumplidas para los niños de Siria

LONDRES – Si alguna vez pierde usted fe en el poder de la esperanza, por no mencionar la importancia de no rendirse jamás, piense en la historia de Mohammed Kosha, refugiado sirio de 16 años de edad que vive en el Líbano y ha superado para sobresalir en sus estudios obstáculos que la mayoría de nosotros apenas podemos imaginar. Los líderes mundiales deberían tomar nota.

Hace cuatro años, Mohammed y su familia escaparon de su hogar en Darya, un suburbio de Damasco, huyendo de los incesantes bombardeos de las fuerzas armadas sirias. Ya había perdido un año de educación primaria e ir a la escuela era sencillamente demasiado peligroso. Tras llegar al Líbano, donde vive ahora, debió perder otro año de escolaridad.

Su vida cambió cuando el gobierno libanés abrió a los refugiados las escuelas públicas del país. Las clases no sólo estaban abarrotadas, sino que se realizaban en inglés, lo que significa que tuvo que aprender un nuevo idioma. Pero aprovechó la oportunidad de aprender, y se abocó de lleno a sus estudios. El mes pasado, contra todas las probabilidades, logró las segundas mejores notas del examen de educación secundaria Brevet. Y eso no es todo.

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