varoufakis49_Jeff J MitchellGetty Images_brexit protest Jeff J. Mitchell/Getty Images

Convertir el Brexit en una celebración de la democracia

ATENAS – Un descontento sin fin inunda al Reino Unido. Tanto quienes quieren abandonar la UE como los que desean permanecer en ella están igual de abatidos. El Gobierno de Su Majestad y la oposición laborista se encuentran divididos. El Reino Unido está profundamente separado entre una Escocia eurófila y una Inglaterra euroescéptica, entre ciudades inglesas pro-UE (incluida Londres) y poblados costeros y norteños anti-UE. Ni la clase trabajadora ni la clase gobernante se pueden unir tras ninguna de las opciones del Brexit que se presentan en las rondas de la Cámara de los Comunes. ¿Puede sorprender acaso que tantos británicos se sientan ansiosos y abandonados por su sistema político?

Y sin embargo existe la paradoja de que, aunque el actual impasse por el Brexit esté lleno de riesgos, los británicos debieran darle la bienvenida. Desde 1945, la cuestión de Europa ha opacado al menos ocho otras interrogantes fundamentales para el Reino Unido: sobre sí mismo, sus instituciones políticas y su lugar en el mundo. El Brexit está trayéndolas todas a la palestra, y el descontento reinante es la primera condición para abordarlas. En efecto, el Brexit puede facultar a la democracia británica para solucionar varias de las crisis permanentes del país.

Primero, está la cuestión irlandesa. Aunque el Acuerdo del Viernes Santo la saldó en parte hace una generación, el Partido Unionista Democrático de Irlanda del Norte la está reabriendo al insistir que la provincia, que es parte del Reino Unido, de ningún modo se debe distinguir de Gales o los Condados de Origen.

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