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Deserción en la batalla por Gran Bretaña

SAINT PIERRE D’ENTREMONT, FRANCIA – En el triste estado de cosas que quedó tras el referendo por el Brexit en el Reino Unido, parece que quienes hicieron campaña por seguir dentro de la UE han renunciado a luchar por el futuro de su país. Peor aún, parece que muchos han aceptado la premisa fundamental del bando opuesto: que en Gran Bretaña hay demasiados europeos.

Esto cambió para peor los términos del debate, y llevó a que se planteen un sinfín de hipótesis infundadas. Que aunque el RU imponga restricciones a la inmigración de nacionales de la UE, el acceso a los mercados no resultará tan afectado. Que la UE podría renunciar a la libre movilidad de los trabajadores para complacer al RU. Que podría introducir excepciones especiales para proteger al sector universitario británico, o dispensar al RU un trato similar al de Liechtenstein, un microestado con acceso al mercado común.

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En realidad, si los que votaron por quedarse en la UE aceptan el argumento de que Gran Bretaña debe restringir el ingreso de europeos, el RU (o al menos Inglaterra y Gales, si Escocia e Irlanda del Norte, proeuropeas, lo abandonan) se encaminará a una salida “dura”, no solo de la Unión, sino del mercado común europeo. De ser así, el precio para el país será alto. No sabemos a cuánto ascendería el costo total, pero es de prever que será penoso para mucha gente y perjudicial para muchas instituciones.

¿Tiene alguna validez la afirmación de que el RU se llenó de gente de otros estados miembros de la UE? El gráfico siguiente muestra, para cada país de la UE, el porcentaje de inmigrantes de otros países de la Unión allí presentes. El RU está en la parte superior de la distribución, pero a la par con muchos otros países de la UE, y dista de tener la mayor cantidad de inmigrantes de la UE per cápita. En realidad, la proporción respecto de la población total es el doble en Irlanda.

EU immigrants as share of population

Al trazar el camino a seguir después del Brexit, las autoridades británicas deberían considerar el caso de Irlanda, dadas las semejanzas entre ambos países.

Tanto Irlanda como el RU padecen escasez de viviendas, especialmente alrededor de centros metropolitanos como Dublín y Londres. Y los servicios públicos de los dos países dejan bastante que desear; de hecho, los de Irlanda son mucho peores que los de Gran Bretaña.

Los irlandeses no son británicos, pero culturalmente están más cerca de ellos que otros europeos. Como vimos en 2008, cuando los votantes irlandeses llamados a referendo se negaron a ratificar el Tratado de Lisboa, en las partes más pobres de Dublín hay un electorado potencialmente antiinmigrante. Es la misma clase de votantes que apoyaron el Brexit en el RU: gente de menos recursos que no percibió los beneficios de la globalización.

¿Por qué en Irlanda no se desarrolló un nivel de hostilidad hacia los inmigrantes de la UE como el del RU, especialmente en vista de lo mal que trataron al país las instituciones europeas después de la crisis financiera de 2008?

Es evidente que buena parte de la diferencia se debe a los medios de prensa británicos. En Irlanda no hay nada parecido a la prensa amarillista, mendaz y patriotera que abunda en el RU.

Pero gran parte de la culpa es de los políticos británicos. Por un lado, están los que hicieron carrera atacando a la UE, a menudo con argumentos totalmente falaces. Por el otro, hay europeístas tibios, como el ex primer ministro David Cameron, que nunca hicieron una defensa firme de la pertenencia a la UE. Ahora, hasta los europeístas comprometidos han dejado de defender la continuidad de la movilidad bidireccional de trabajadores entre el RU y la UE, y la pertenencia al Área Económica Europea (AEE).

Irlanda no tuvo este problema. Hay que destacar que Sinn Féin, el partido nacionalista irlandés, y ex brazo político del Ejército Republicano Irlandés, no cayó en la clase de retórica xenófoba que usa el Partido de la Independencia del RU. De hecho, y esto es digno de elogio, Sinn Féin ha hecho todo lo posible por adoptar una postura progresista en materia de inmigración, tanto si procede de la UE como de otros lugares.

Muchos analistas, acertadamente, han apuntado a los efectos económicos de la globalización como explicación del sentimiento xenófobo. El hecho de que la globalización genera ganadores y perdedores explica sin duda gran parte de la reacción antiglobalización que hoy vemos en el RU y otras partes. Pero también hay otros factores en juego, como el chauvinismo cultural. Dicho llanamente, la hostilidad inglesa hacia la presencia de otros europeos tiene mucho que ver con algunos de los peores aspectos de la sociedad inglesa.

Encarar las deficiencias de los servicios públicos puede ayudar a mitigar las inquietudes económicas relacionadas con la inmigración, y con la globalización en general. Pero es igual de importante que los que hicieron campaña por seguir en la UE sigan explicando a los ingleses por qué el libre movimiento de bienes, servicios y personas de y hacia Europa es bueno para Gran Bretaña.

El RU votó por abandonar la UE, pero el Brexit puede adoptar dos formas: pertenencia al AEE, con acceso al mercado común europeo y libre movimiento de personas, o salida del mercado común, seguida de tratativas comerciales impredecibles. Todavía hay mucho en juego, ya que no se sabe cuál será la forma preferida por los votantes ingleses.

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Por desgracia, parece que el RU se encamina a la segunda opción (un Brexit “duro”) por omisión. Que los que antes defendieron la permanencia en la UE ahora no defiendan la pertenencia al AEE es un abandono de responsabilidad inexplicable.

Traducción: Esteban Flamini