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Cómo incluir a China en el redil del cambio climático

POZNAN – La actual crisis económica arrojó un paño mortuorio sobre las conversaciones sobre el cambio climático que se llevaron a cabo este mes en Polonia. Si bien los negociadores esperaban un progreso concreto hacia un acuerdo climático internacional, los dos principales contaminadores del mundo estaban distraídos -Estados Unidos, impidiendo un colapso del sistema financiero en medio de una transición presidencial, y China, con una desaceleración en la inversión interna y un debilitamiento de la demanda extranjera de sus productos manufacturados-. Frente a la caída de los valores de las viviendas y de los ahorros de retiro en Estados Unidos y a las crecientes cifras de desempleo chinas, los observadores temen que ni Estados Unidos ni China tengan demasiado interés en reducir las emisiones.

La paradoja aquí es que la crisis presenta una oportunidad única para que Estados Unidos y China sellen un acuerdo que siente las bases para un acuerdo global sobre el clima. De hecho, uno de los principales objetivos de la reunión bianual más reciente del Diálogo Económico Estratégico China-Estados Unidos (realizada la semana antes de que comenzaran las conversaciones climáticas) era empezar a trabajar bajo el "Marco de Cooperación a 10 Años en Energía y Medio Ambiente" creado a principios de este año.

Esta iniciativa bilateral se produce en los talones de una década en la que Estados Unidos se mantuvo al margen de los esfuerzos internacionales por encontrarle una solución al cambio climático, temeroso de que si actúa pero China no lo hace, el mundo no podrá cumplir con sus objetivos de reducción de las emisiones y la industria norteamericana se verá perjudicada. China ha contado con que sus emisiones históricas y per capita se mantengan muy por debajo de los niveles norteamericanos, y considera que ponerle un tope a las emisiones nacionales adicionales al mismo nivel que Estados Unidos implicaría un presupuesto de carbón personal en San Francisco cinco veces mayor que en Shanghai.

El Diálogo Económico Estratégico soslayó este acuerdo sobre la distribución de la carga y se centró en cambio en lo que ambos países tienen en común. Ambos dependen del petróleo importado para el transporte y del carbón doméstico para la generación de energía. Ambos tienen gobiernos fuertes a nivel estatal y sistemas regulatorios y de suministro de energía balcanizados. Pero la estructura de las economías de los dos países, y lo que genera sus necesidades energéticas -y, por ende, las emisiones de gases de tipo invernadero- son muy diferentes. Es esta diferencia la que ofrece la mejor oportunidad para ocuparse del cambio climático de ahora en más.