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La paradoja del brexit

MADRID – Del matemático francés Blaise Pascal es célebre el “no es cierto que todo sea incierto”. Pero si se hubiese enfrentado a la realidad del brexit, quizás habría reconsiderado su postulado. Pese a que una salida moderada sigue pareciendo probable, la incertidumbre y la animosidad no han cesado de crecer en las últimas semanas. Es la paradoja del brexit: cuanto más se tarde en reintroducir el pragmatismo en el debate, más posibilidades hay de que los inquietantes efectos de lo desconocido inflijan un daño irreversible tanto en el Reino Unido como en la Unión Europea.

El futuro del RU –en fase de preparación para su retirada– y de la UE debía haberse esclarecido en el Consejo Europeo de este mes de octubre. Sin embargo, la cumbre no sólo no trató formalmente las negociaciones sobre el brexit, sino que cristalizó la falta de rumbo percibida en septiembre tras la reunión informal del Consejo en Bratislava, que resultó en vagas promesas de unidad.

Por su parte, el RU se halla a las puertas de asistir a un amargo debate entre la Primera Ministra, Theresa May, y el Parlamento sobre el papel de este último en las negociaciones. Entretanto, en el seno mismo del Gabinete de May surgen desavenencias, al tiempo que se intensifican las dudas acerca del status del que gozará Escocia en el futuro.

Pero el problema va más allá de la confusión. Cada bando busca seducir a electorado nacional y adoptar posiciones crecientemente polarizadas, incluso antagónicas. May dio su primer golpe de efecto en el Congreso del Partido Conservador cuando, después de haber declarado que invocaría el artículo 50 del Tratado de la Unión Europea no más tarde de marzo de 2017, endureció su discurso y aseveró que frenar la inmigración primaría sobre mantener el acceso al Mercado Interior.