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Por qué la UE debe ser generosa con Gran Bretaña

MÚNICH – La primera ministra británica, Theresa May, lo confirmó. El Reino Unido, sin lugar a dudas, va a abandonar la Unión Europea y negociará nuevos acuerdos comerciales. La pregunta es qué tipo de acuerdo aceptará la UE.

May ha dejado en claro que Gran Bretaña no quiere un arreglo como el que Suiza o Noruega tienen, porque el mismo le obligaría a ceder algún control sobre su política de inmigración. Someterse a la jurisdicción del Tribunal Europeo de Justicia, al que los líderes británicos acusan de dictar sentencias basadas en intereses creados, tampoco sería una opción aceptable.

Sin embargo, la UE no está dispuesta a simplemente permitir que el Reino Unido abandone lo que no le gusta, al menos no sin que pague un precio por ello. Los líderes de la UE insisten en que el Reino Unido no puede gozar de libre comercio con el mercado único sin permitir la libre circulación de las personas. Esta terquedad se debe, en parte, al temor de que, si el Reino Unido obtuviera un acuerdo tan desigual, otros países de la UE intentarían hacer lo mismo. Sin embargo, el deseo de castigar a los británicos, aunque sea sólo con el propósito de disuadir a otros Estados miembros de salir de la Unión a la velocidad de un rayo, es también con seguridad un factor contribuyente.

Este abordaje está totalmente equivocado. Si bien es indudablemente lamentable que el Reino Unido se vaya de la Unión, la verdad es que el libre comercio con la UE no tiene que ir acompañado de la libre circulación de las personas. Tal como la teoría pura del comercio internacional muestra, los efectos económicos y las ganancias de bienestar resultantes del libre comercio son sustituidos, no mejorados, por aquellos que provienen de la libre circulación de la mano de obra.