El derrumbe del Brexit

LONDRES – Al principio, la primera ministra británica Theresa May tenía un plan: “Brexit es Brexit”. La idea era retirar al Reino Unido de la Unión Europea tan rápido que los votantes no se dieran cuenta de que en la campaña del referendo los engañaron y no castigaran al Partido Conservador por haberlo hecho.

El plan era fingir que lo que se negociara con la UE sería la mejor solución “a medida” posible para que Gran Bretaña pueda abandonar el bloque conservando acceso irrestricto al mercado europeo. Desde un punto de vista político estrictamente partidista, el plan tuvo sentido hasta la elección anticipada de junio pasado, cuando May perdió la mayoría parlamentaria.

Es verdad que hace poco May se anotó un triunfo al derrotar a los conservadores eurófilos en la Cámara de los Comunes. Pero no tiene importancia. Desde junio pasado, la política británica gira en torno de un solo dilema: cómo evitar la destrucción de un día para el otro de buena parte de la industria británica (que depende de la integración con las cadenas de suministro europeas) sin aceptar también el “modelo noruego”, que supone obedecer las reglas de la UE sin tener ninguna voz en su elaboración.

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