Daniel Berehulak/Getty Images

El Brexit y la economía global

WASHINGTON, DC – La cuestión singular del Brexit ha consumido al Reino Unido durante dos años y medio. El “si”, “cómo” y “cuándo” del retiro del país de la Unión Europea, después de décadas de pertenencia, ha dominado, entendiblemente, la cobertura noticiosa, y ha desplazado cualquier otro debate político. Por ejemplo, algo que se perdió en la confusión ha sido una discusión seria sobre cómo el Reino Unido debería impulsar la productividad y la competitividad en un momento de fluidez económica y financiera global.

Al mismo tiempo, el interés del resto del mundo por el Brexit, comprensiblemente, ha amainado. Las negociaciones del Reino Unido con la UE han pasado por múltiples momentos de déjà vu, y el consenso es que las consecuencias económicas se sentirán de manera más aguda en Gran Bretaña que en la UE, para no mencionar países en otras partes.

Aun así el resto del mundo enfrenta sus propios desafíos profundos. Los sistemas políticos y económicos están pasando por cambios estructurales de amplio alcance, muchos de ellos impulsados por la tecnología, el comercio, el cambio climático, la alta desigualdad y la creciente ira política. Al abordar estas cuestiones, los hacedores de políticas públicas en todo el mundo harían bien en tomar en cuenta las lecciones de la experiencia Brexit del Reino Unido.

Cuando los británicos votaron por un margen del 51,9% vs. 48,1% para abandonar la UE, la decisión resultó un shock para los expertos, los analistas y los líderes del Partido Conservador y Laborista por igual. Ellos habían subestimado el papel de la “identidad” como una fuerza impulsora detrás del referendo de junio de 2016. Pero ahora, las ideas profundamente arraigadas de los votantes sobre la identidad, real o percibida, ya no se pueden desatender. Si bien las políticas disruptivas de hoy están alimentadas por el desencanto y la frustración económicos, la identidad es la punta de lanza. Ha expuesto y profundizado las divisiones políticas y sociales que son tan incómodas como inextricables.

Los expertos también predijeron que la economía del Reino Unido sufriría una caída inmediata y significativa de la producción luego del referendo de 1016. En aquel momento, entendieron mal la dinámica de lo que los economistas llaman una “frenada brusca” –es decir, una disfunción abrupta y catastrófica en un sector clave de la economía-. Un ejemplo perfecto es la crisis financiera global de 2008, cuando los mercados financieros se frenaron como resultado de dislocaciones operativas y una pérdida de confianza mutua en el sistema de pagos y de acuerdos.

El Brexit fue diferente. Como no se puede reemplazar algo por nada, no hubo un quiebre inmediato en el comercio entre el Reino Unido y la UE. A falta de claridad sobre qué tipo de Brexit terminaría materializándose, la relación económica simplemente siguió “tal cual”, y se evitó una alteración inmediata.

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Resulta ser que al hacer proyecciones macroeconómicas y de mercado para el Brexit hasta el momento, “corto versus largo” ha sido más importante que “blando versus duro” (“duro” en referencia al retiro total, y muy probablemente desordenado, del Reino Unido del mercado único europeo y de la unión aduanera). El interrogante no es si el Reino Unido enfrentará un ajuste de cuentas económico importante, sino cuándo

De todos modos, la economía del Reino Unido ya está experimentando un cambio estructural a ritmo lento. Existen pruebas de una caída en la inversión extranjera y esto contribuye al nivel de inversión desalentador de la economía en general. Es más, esta tendencia está acentuando los desafíos asociados con un crecimiento débil de la productividad.

También existen señales de que las empresas con operaciones en el Reino Unido han comenzado a implementar sus planes de contingencia para el Brexit después de un período prolongado de espera, planificación y más espera. Además de trasladar inversiones fuera del Reino Unido, las empresas también empezarán a reubicar empleos. Y este proceso probablemente se acelerará aun si la primera ministra británica, Theresa May, logra que el acuerdo de salida que propuso sea aprobado en el Parlamento.

El proceso del Brexit revela así los riesgos asociados con una fragmentación económica y política, y ofrece un anticipo de lo que le espera a una economía global cada vez más fracturada si esto continúa: concretamente, interacciones económicas menos eficientes, menor resiliencia, flujos financieros transfronterizos más complicados y menos agilidad. En este contexto, un autoseguro costoso va a reemplazar a algunos de los mecanismos de seguros combinados del sistema actual. Y será mucho más difícil mantener normas y estándares globales, para no hablar de buscar una armonización y coordinación internacional de las políticas.

Es probable que el arbitraje tributario y regulatorio también se vuelva cada vez más común. Y la generación de políticas económicas se convertirá en una herramienta para abordar los temores de seguridad nacional (reales o imaginados). Todavía está por verse de qué manera esta estrategia afectará los acuerdos geopolíticos y militares existentes.

Por último, también habrá un cambio en el modo en que los países buscan estructurar sus economías. En el pasado, Gran Bretaña y otros países se enorgullecían de ser “pequeñas economías abiertas” que podían apalancar sus ventajas domésticas mediante lazos inteligentes y eficientes con Europa y el resto del mundo. Pero ahora, ser una economía grande y relativamente cerrada podría empezar a parecer más atractivo. Y para los países que no tienen esa opción –como las economías más pequeñas del este de Asia- los bloques regionales cohesionados podrían ofrecer una alternativa útil.

El desorden de la política partidaria británica ha hecho que el proceso del Brexit pareciera una disputa doméstica que a veces resulta inescrutable para el resto del mundo. Pero el Brexit ofrece lecciones importantes para y sobre la economía global. Lejos están los días en que la globalización económica y financiera acelerada y los patrones de crecimiento correlacionados prácticamente no eran cuestionados. También estamos en una era de fluidez tecnológica y política considerable. Las perspectivas de crecimiento y liquidez probablemente se vuelvan aún más inciertas y divergentes de lo que ya son.  

http://prosyn.org/mCJKNF1/es;

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