Margaret Scott

La nueva mujer del Brasil

SÃO PAULO – El Brasil ha cambiado espectacularmente en los quince últimos años. Ha dado a su economía la orientación adecuada, ha reducido la pobreza, la disminuido la desigualdad y ha consolidado su democracia. Los fantasmas del pasado –autoritarismo, persecución política y censura- han quedado atrás, después de que la democracia brasileña pasara con éxito por pruebas importantes como un proceso por desafuero a un presidente y el ascenso a la presidencia de un antiguo dirigente sindical.

El Brasil ha pasado ahora por otra prueba: la de tener a una mujer en la cima del poder ejecutivo. Los imperativos que afronta la Presidenta electa, Dilma Rousseff, son enormes, pero también lo son sus ventajas. Se han puesto las bases para un desarrollo económico rápido y no hay nada que indique la posibilidad de un cambio importante en las metas de inflación, en la autonomía del banco central o en el tipo de cambio flotante.

Roussef debe su victoria al Presidente saliente, Inácio Lula da Silva, y al éxito de su administración. Sabe que los avances del Brasil durante el mandato de Lula estuvieron respaldados por un crecimiento económico estable, transferencias sociales mayores a las familias pobres, como, por ejemplo, Bolsa Familia, y a la democracia.

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