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Las elecciones más frías de Brasil

Paulo Rabello de Castro, economista formado en la Universidad de Chicago y uno de los más agudos pensadores brasileños, llamó a las elecciones presidenciales brasileñas de octubre una opción entre "más de lo mismo" y "lo mismo, pero sin más". Esto está a años luz de las intensas emociones que, por lo general, incitan las elecciones en los países en desarrollo.

La ironía de Rabello de Castro viene al caso, ya que es difícil decir qué candidato representa "más de lo mismo": el Presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que postula a la reelección y es el favorito según las encuestas, o el ex gobernador de São Paulo, Geraldo Alckmin, del PSDB (Partido Socialdemócrata Brasileño), que con Fernando Henrique Cardoso gobernó al país durante 8 años antes de Lula. De hecho, la distinción es tan difícil que en una entrevista reciente, el mismo Cardoso afirmó que el proyecto del Partido de los Trabajadores (PT) de Lula es el proyecto del PSDB. Y agregó: "Tal vez lo que ocurre es que no hay otro. La historia no siempre produce un nuevo proyecto".

Cardoso tiene razón. Excepto por la retórica política pero escasamente práctica de líderes como Hugo Chávez en Venezuela y Evo Morales en Bolivia, no hay nada nuevo que ofrecer en el mercado electoral del mundo y que difiera mucho de lo que normalmente se llama neoliberalismo o el Consenso de Washington. En otras palabras, ya no existe al interior de los países modernos una batalla entre diferentes proyectos, ni una confrontación entre izquierdas y derechas (con sus matices) que pueda despertar las emociones de los votantes. En esto, Brasil no es diferente al Reino Unido, España o Uruguay.

De hecho, las elecciones brasileñas que se celebrarán este año parecen un partido de fútbol entre grandes equipos, en que los partidarios de uno y el otro candidato se distinguen apenas por los colores de sus camisetas, ya que los equipos más fuertes aceptan las reglas del juego y hasta se parecen en sus tácticas.