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Suenan alarmas en Asia

NUEVA DELHI – El deterioro de la situación en Ucrania y el aumento de las tensiones entre Rusia y Estados Unidos hacen peligrar el trabajoso “giro” que el presidente estadounidense, Barack Obama, quiere hacer en dirección a Asia, el continente más vibrante del mundo (y tal vez, también, el más inflamable). De poco servirá para evitarlo, o para encarrilar la política exterior para la región, la inminente gira de Obama por Japón, Corea del Sur, Malasia y Filipinas.

De hecho, la agresión rusa en Ucrania es apenas el último en una serie de obstáculos a la ejecución del giro (o “rebalanceo”, como se lo denominó luego), que ya debía luchar contra numerosos factores, por ejemplo: la obsesión de la política exterior estadounidense con el mundo musulmán, la renuencia de Obama a plantar cara a una China cada vez más asertiva, la reducción del presupuesto de defensa de Estados Unidos y su pérdida de liderazgo mundial.

Lo cierto es que los países asiáticos están cada vez más preocupados por la determinación con que China expresa su política exterior. Estados Unidos hubiera podido usar esta ocasión para recuperar un papel central en la región, apelando para ello a fortalecer viejas alianzas y buscar nuevos acuerdos de cooperación, pero la desaprovechó en gran medida, y dejó con ello que China siga extendiendo sus reclamos territoriales.

De hecho, en los últimos dos años, los aliados y socios de Estados Unidos en Asia recibieron tres señales de alarma profundamente inquietantes. Todas ellas transmiten un mismo y claro mensaje: que ya no pueden confiar en que Estados Unidos dé una respuesta eficaz al ascenso de China.