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El impuesto de ajuste fronterizo de EE.UU. es una mala idea

NUEVA YORK – Estados Unidos podría estar a punto de implementar un impuesto de ajuste fronterizo (IAF).  El Partido Republicano, ahora en control de las ramas legislativa y ejecutiva, considera un IAF – que subsidiaría eficazmente a los exportadores estadounidenses, al brindarles exenciones fiscales al mismo tiempo que penalizaría a las empresas estadounidenses que importan bienes – como un elemento importante de la reforma del impuesto a las empresas. Los republicanos sostienen que dicho impuesto mejoraría la balanza comercial de Estados Unidos, mientras aumenta la producción, la inversión y el empleo a nivel nacional. Están equivocados.

La verdad es que el plan de los republicanos es altamente problemático. Junto con otras reformas propuestas, el IAF convertiría el impuesto estadounidense a las empresas en un impuesto sobre el flujo de caja de las empresas (con un ajuste fronterizo), lo que implicaría consecuencias de largo alcance para la competitividad y rentabilidad de las empresas estadounidenses.

Algunos sectores o empresas – especialmente aquellos que dependen en gran medida de las importaciones, como los sectores minoristas estadounidenses –  se enfrentarían a un fuerte aumento de sus obligaciones fiscales; en algunos casos, estos aumentos serían incluso mayores que sus utilidades antes de impuestos. Mientras tanto, los sectores o empresas que exportan, al igual que quienes están en el sector de manufactura, disfrutarían de reducciones significativas en su carga fiscal. Esta divergencia aparenta ser injustificada e injusta.

El IAF tendría, también, otras implicaciones distributivas. Existen estudios que indican que pudiese afectar con mayor severidad a los consumidores que se encuentran en el 10% de la población que se encuentra en la parte inferior de la distribución de ingresos, es decir aquellos que perciben los salarios más bajos. Sin embargo, este impuesto ha sido publicitado como una forma de compensar por los recortes de impuestos a las empresas, por cuya aprobación los republicanos también presionan – recortes que, en última instancia, beneficiarían a aquellos que están en la parte superior de la distribución del ingreso.