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Las verdades ocultas de los desechos plásticos

NEWARK, NUEVA JERSEY – Los plásticos están en todas partes. Ya sea si se los utiliza para guardar sobras de comida, mantener estériles los equipos hospitalarios o para proporcionar aislamiento a una casa, los plásticos son incomparables por su adaptabilidad, durabilidad y bajo costo. Si se toma en cuenta que sus beneficios son aparentemente ilimitados, no causa sorpresa que los plásticos sustituyan a los materiales tradicionales en muchos sectores – por ejemplo, al acero en los automóviles, al papel y al vidrio en el empaque y a la madera en los muebles. Como resultado, el consumo anual de plásticos en todo el mundo ha aumentado de cinco millones de toneladas en el año 1950 a alrededor de 280 millones de toneladas en la actualidad.

Aproximadamente la mitad de los productos plásticos, como por ejemplo los utilizados en empaque, están destinados a aplicaciones con una vida útil corta (menos de seis meses) y a ser utilizados una sola vez antes de ser desechados. Debido a que la mayoría de estos artículos no son biodegradables, y no se los recicla, los residuos plásticos se acumulan – con graves consecuencias  ambientales. Si bien los gobiernos han comenzado a aplicar normativas nuevas (que a menudo son bastante estrictas) destinadas a la gestión de los residuos plásticos – por ejemplo, China prohibió las bolsas de plástico de peso ligero en  el año 2008 – dichas normativas son insuficientes para abordar el creciente  problema con los desechos plásticos que enfrenta el mundo.

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Además, la mayoría de los productos de plástico se fabrican con los llamados “termoplásticos comerciales a base de petróleo”. Si se toma en cuenta que un recurso no renovable se encuentra en la base de muchos productos plásticos – la mayoría de los cuales no va a durar mucho tiempo – los patrones actuales de uso de plásticos no son sostenibles.

En el reciclaje de circuito cerrado, se utilizan residuos plásticos para fabricar otros productos, por lo tanto este proceso tiene beneficios ambientales significativos, tales como reducciones en el consumo de energía y petróleo. Sin embargo, el proceso de separar los plásticos reciclables a base de petróleo de otros tipos de plásticos y de otros residuos sólidos es difícil, costoso y laborioso, por lo que sólo se reciclan un porcentaje pequeño de dichos plásticos.

En el año 1988, la Sociedad Americana de la Industria del Plástico (SPI) desarrolló un sistema de codificación en el cual se etiqueta cada tipo de resina con un número que va del 1 al 7, con el fin de facilitar la clasificación de los plásticos. El sistema se ha utilizado también en otros lugares, incluyendo países como Canadá y Suiza, pero no se ha adoptado en todo el mundo y aún causa confusión a algunos consumidores. Si los consumidores supieran recolectar  y separar los plásticos que se utilizan en el hogar en función de su número, cuando dicha numeración está disponible, el impulso resultante a los esfuerzos de reciclaje demostraría al gobierno y a la industria la viabilidad de un enfoque más sostenible, reduciría la exposición a los precios del petróleo, y apoyaría la creciente demanda mundial de plásticos.

Hay cuatro categorías de reciclado de plásticos: el reciclaje primario, en el que el plástico se reutiliza en la misma aplicación; el reciclaje secundario, en el que el material (mezclado o contaminado) se utiliza en aplicaciones menos exigentes; el reciclado terciario, en el que el plástico se convierte en monómeros o productos químicos, y el reciclaje cuaternario, en el que se recupera sólo la energía a través de la incineración. Al aplicar cada uno de estos métodos se recupera una cantidad distinta de la energía que se encuentra incorporada en la pieza de plástico. (Toda la energía incorporada se pierde si el plástico se deposita en vertederos, un método de eliminación de desechos que es común a nivel mundial.)

Tomando en cuenta la dificultad y el costo de la separación de plásticos, la opción económicamente más viable es a menudo el reciclaje secundario de unos pocos termoplásticos comerciales – en su mayoría botellas, para las cuales ya se ha establecido la infraestructura de recolección. Para expandir el alcance de reciclaje de plásticos es crucial encontrar métodos de separación más económicos, así como identificar  nuevos mercados potenciales para los productos reciclados.

Tales desarrollos alentarían a la industria a reutilizar o reciclar más partes. Aunque todos los 40 tipos de plásticos utilizados en un automóvil fabricado en América del Norte pueden ser reciclados, la necesidad de separarlos y limpiarlos hace que su uso sea más caro que el uso de resinas vírgenes de plástico. Esto se traduce en que se tiene un mayor porcentaje de plásticos en los restos de automóviles triturados al final de su vida útil – esta es una mezcla contaminada de plásticos y no plásticos que generalmente se elimina mediante alguna combinación de uso de vertederos, incineración y reciclaje secundario.

El aumento de la proporción de plásticos re-utilizados es un paso crucial hacia un consumo más sostenible de plásticos. Para ello, algunos fabricantes de automóviles han ajustado sus diseños para permitir un fácil desmontaje de las piezas de plástico compatibles, mientras que los gobiernos han establecido porcentajes objetivo con relación al reciclaje de vehículos al final de su vida útil. Tales esfuerzos deben intensificarse.

Además, la industria debe buscar nuevas aplicaciones para materiales reciclados, y al mismo tiempo debe minimizar la cantidad de material virgen que usa. Y, en lo posible, los fabricantes deben “disminuir el calibre” de los materiales (fabricar piezas que sean más delgadas). Se pueden aprobar leyes gubernamentales para apoyar estas medidas, así como se puede exigir que los fabricantes de plásticos participen en el proceso de desecho de los artículos de plástico – una responsabilidad que se impuso hace ya mucho tiempo a los fabricantes de productos envasados ​​en Europa.

Un ejemplo de una gestión de residuos que es exitosa es el reciclado de botellas PET (fabricadas con tereftalato de polietileno) en fibras de poliéster. En la última década, Japón aprobó varias leyes que obligan a las empresas y a los individuos a separar los residuos plásticos. Estas medidas, en combinación con la falta de espacio en los vertederos y la expansión de la población del país, han mejorado la efectividad de los esfuerzos de reciclaje. Como resultado de todo ello en el año 2010 Japón recicló el 72% de las botellas PET, en comparación a aproximadamente el 30% en los EE.UU. y el 48% en Europa. No obstante que aún se continúa con las prácticas de incineración y vertido, estos altos índices de reciclado subrayan el impacto positivo de las políticas focalizadas.

Los bioplásticos se constituyen en otro avance prometedor, que han comenzado a competir durante las últimas dos décadas con los productos derivados del petróleo en determinadas aplicaciones que tienen una vida útil corta, tales como el envasado y la agricultura. Debido a que los bioplásticos se producen a partir de recursos renovables o “de base biológica” (celulosa, almidón y glucosa) – y, en algunos casos, a través de la fermentación microbiana – tienen una huella de carbono más baja, contribuyen menos al calentamiento global, y se biodegradan en moléculas pequeñas.

Los bioplásticos no son una panacea para la gestión de los residuos plásticos. De hecho, pueden constituirse en una amenaza al reciclaje secundario de los plásticos derivados del petróleo, debido a la posible contaminación durante la clasificación de flujos mixtos. Y los críticos han expresado su preocupación por el impacto ambiental del maíz y de otros cultivos que se realizan para fines industriales, como ser para la producción de plásticos y de etanol, sin entrar a discutir los posibles efectos que dichos cultivos pudiesen tener sobre los precios mundiales de los alimentos.

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En un mundo que depende de los plásticos es crucial que la producción, el consumo y el desecho de los productos plásticos sean más sostenibles. La sociedad civil, la industria y el gobierno deben trabajar de manera conjunta para aumentar la proporción de plásticos que se reciclan; de este modo se garantizará que los costos de los plásticos no superen a sus beneficios.

Traducido del inglés por Rocío L. Barrientos.