Bombas, afuera

LONDRES – Una de las características más desalentadoras de los debates internacionales de hoy es que la amenaza para la humanidad planteada por las 23.000 armas nucleares del mundo -y por aquellos que construirían más armas o estarían más que dispuestos a usarlas- ha quedado relegada a los márgenes de la política.

El presidente estadounidense, Barack Obama, logró captar la atención global con su discurso de Praga en 2009, que presentó un argumento convincente en defensa de un mundo sin armas nucleares. Obama efectivamente cumplió con un nuevo tratado relevante de reducción de armas con Rusia y albergó una cumbre destinada a reducir la vulnerabilidad de las armas y materiales nucleares a robos y desvíos.

Pero las cuestiones nucleares siguen reclamando una resonancia pública y una tracción política. Sólo un jugador arriesgado apostaría a la ratificación del Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares por parte del Senado de Estados Unidos en el futuro inmediato.

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