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Benevolencia evidente

PRINCETON – Jesús dijo que deberíamos hacer beneficencia en privado y no cuando otros están mirando. Esto concuerda con la idea sensata de que si la gente sólo hace el bien en público, puede estar motivada por un deseo de ganarse una reputación de generosidad. Tal vez cuando nadie está mirando, no es nada generosa.

Esa idea puede llevarnos a desdeñar el tipo de leyenda filantrópica que hace que los nombres de los donantes se exhiban prominentemente en las salas de concierto, los museos de arte y los edificios universitarios. Muchas veces, los nombres no sólo cubren el edificio entero, sino que también se los adosa a toda parte constitutiva del edificio de la que recaudadores de fondos y arquitectos puedan disponer.

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Según los psicólogos evolutivos, este tipo de manifestaciones de benevolencia evidente son los equivalentes humanos de la cola del pavo real macho. De la misma manera que el pavo real indica su fuerza y su aptitud desplegando su enorme cola -un mero desperdicio de recursos desde un punto de vista práctico-, los costosos actos públicos de benevolencia les revelan a los potenciales compañeros que uno posee suficientes recursos como para regalarlos.

Ahora bien, desde una perspectiva ética, ¿deberíamos preocuparnos tanto por la pureza del motivo por el cual se hizo la donación? Sin duda, lo que importa es que se donó algo por una buena causa. Bien podemos mirar de soslayo una majestuosa sala de conciertos nueva, pero no porque el nombre del donante esté cincelado en la fachada de mármol. Más bien, deberíamos preguntarnos si, en un mundo en el que 25.000 niños empobrecidos mueren innecesariamente cada día, otra sala de conciertos es lo que el mundo necesita.

Un cuerpo sustancial de investigación psicológica actual apunta contra el consejo de Jesús. Uno de los factores más significativos que determinan si la gente hace o no beneficencia es su opinión sobre lo que están haciendo otros. Quienes hacen saber que hacen beneficencia aumentan la posibilidad de que otros hagan lo mismo. Tal vez terminaríamos llegando a un punto clave en el que donar una cantidad significativa para ayudar a los más pobres del mundo se vuelva algo lo suficientemente generalizado como para erradicar la mayor parte de esas 25.000 muertes diarias innecesarias.

Esto es lo que Chris y Anne Ellinger esperan que logre su sitio web, www.boldergiving.org . El portal cuenta la historia de más de 50 miembros de la Liga del 50% -gente que ha donado o bien el 50% de sus activos o bien el 50% de sus ingresos en cada uno de los últimos tres años-. Los miembros de la liga quieren cambiar las expectativas sobre lo que es una cantidad “normal” o “razonable” para donar.

Son un grupo variopinto. Tom White dirigía una gran compañía de construcción y empezó a donar millones a los esfuerzos de Paul Farmer para llevar servicios sanitarios a los pobres de las zonas rurales de Haití. Tom Hsieh y su esposa, Bree, asumieron el compromiso de vivir con menos del ingreso medio nacional, actualmente 46.000 dólares al año. Como Hsieh, que tiene 36 años, ganaba más, donaba más, principalmente a organizaciones que ayudan a los pobres en países en desarrollo. Hal Taussig y su esposa han donado unos 3 millones de dólares, lo que representa el 90% de sus activos, y ahora viven felizmente de sus cheques de la seguridad social.

La mayoría de los donantes consideran la beneficencia como una gratificación personal. Hsieh dice que si su beneficencia salvó o no las vidas de otros, sí ha salvado la suya: “Fácilmente yo podría haber llevado una vida aburrida e irrelevante. Ahora estoy honrado con una vida de servicio y sentido”. Cuando la gente elogia a Hal Taussig por su generosidad, él le dice: “Francamente, es mi manera de sentir emociones en la vida”.

La Liga del 50% establece un nivel alto –tal vez demasiado alto para la mayoría de la gente-. James Hong inició www.hotornot.com , un sitio web que le permite a la gente calificar cuán “caliente” es otra gente. Gracias a ese sitio se volvió rico y prometió donar el 10% de todo lo que ganase por encima de los 100.000 dólares. El sitio web de Hong, www.10over100.org , invita a otros a hacer lo mismo. Hasta el momento, lo hicieron más de 3.500 personas.

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Hong establece un nivel bajo. Si uno gana menos de 100.000 dólares, no tiene que donar nada en absoluto y si gana, digamos 110.000 dólares, se verá obligado a donar solamente 1.000 dólares –menos del 1% de su ingreso-. Eso no es ser generoso. Muchos de los que ganan menos de 100.000 dólares también pueden permitirse donar algo. Aún así, la fórmula de Hong es simple y empieza a hacer mella cuando las ganancias son realmente grandes. Si uno gana un millón de dólares al año, prometió donar 90.000 dólares, o el 9% de lo que gana, que es más de lo que la mayoría de la gente rica dona.

Necesitamos superar nuestro rechazo a hablar abiertamente sobre el bien que hacemos. Las donaciones silenciosas no cambiarán una cultura que considera sensato gastar todo el dinero en uno mismo y su familia, en lugar de ayudar a los que más necesitan –aunque, en el largo plazo, ayudar a otros probablemente genere más satisfacción.