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Culpen a los economistas, no a la economía

CAMBRIDGE – Mientras la economía mundial se tambalea al borde de un precipicio, los críticos de la profesión económica plantean interrogantes sobre su complicidad en la crisis actual. Y con razón: los economistas tienen mucho que responder.

Fueron los economistas los que legitimaron y popularizaron la visión de que las finanzas sin restricciones eran una bendición para la sociedad. Sus opiniones eran prácticamente unánimes a la hora de hablar de los "peligros de una excesiva regulación gubernamental". Su experticia técnica -o lo que parecía experticia técnica en ese momento- les ofreció una posición privilegiada como formadores de opinión, así como también acceso a los corrillos del poder.

Fueron pocos (con excepción de Nouriel Roubini y Robert Shiller, entre otros) los que hicieron sonar campanas de alarma sobre la crisis en ciernes. Peor aún quizá, la profesión no ofreció una guía útil en materia de cómo sacar a la economía mundial de su caos actual. Respecto del estímulo fiscal keynesiano, las opiniones de los economistas varían entre "absolutamente esencial" e "ineficaz y perjudicial".

Sobre la re-regulación de las finanzas, existen muchas buenas ideas, pero escasa convergencia. Desde un consenso casi total sobre las virtudes de un modelo del mundo centrado en las finanzas, la profesión económica pasó a una falta casi absoluta de consenso sobre lo que se debería hacer.