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El realismo del optimismo mundial

PRAGA – Si uno lee el diario o ve el noticiero de la tarde en la televisión, el mundo siempre parece empeorar. Cada problema se destaca. Entre más muerte, destrucción y desesperación, mejor. Como se señala en un libro de texto danés de periodismo: “Las historias buenas son a menudo las malas noticias.”

En raras ocasiones se transmiten historias inspiradoras y de progreso. Cuando es el caso, se siente como un placer culposo. En consecuencia, pensamos a menudo que el mundo empeora cada vez más de lo que realmente es –aunque creamos que nuestras propias vidas mejoran.

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Analicemos lo siguiente: desde 1978 se ha preguntado a los consumidores estadounidenses si su situación financiera actual está mejor o peor que la del año previo. En los últimos 25 años, un promedio de 38% respondió que estaba mejor, mientras que 32% dijo que estaba peor. Sin embargo, cuando se les planteó la misma pregunta pero sobre el conjunto de la economía de dicho país, un promedio de 47% señaló que estaba peor, respecto a un 38% que la consideraba mejor. La mayoría de las personas creen que sus vidas mejoran, mientras que otros piensan que empeoran, tal vez por el sesgo persistente de los periodistas hacia las malas noticias.

El fenómeno no se limita a los Estados Unidos. Desde 1977, Gallup International ha hecho encuestas a las personas en todo el mundo para saber si consideran que les irá mejor el siguiente año respecto al año previo. En cuanto a 2014, 50% de los encuestados dijo que estarán mejor, mientras que 20% mencionó que estarán peor. Con todo, cuando se les pidió su opinión sobre cómo estaría la economía, el resultado fue casi igual, pues 32% piensa que mejorará, y 30% cree que empeorará.

Así pues, hay que retroceder un poco y reconocer que muchos indicadores señalan un mundo que mejora constantemente. Nuevos datos del Banco Mundial muestran que la proporción de personas extremadamente pobres se ha reducido a más de la mitad en los últimos treinta años, de 42% de la población mundial en 1981 a 17% en 2010. Si bien, 1.2 miles de millones de personas en el mundo en desarrollo siguen viviendo con menos de 1.25 dólares al día –un problema que sin duda tenemos que abordar– la tasa de pobreza extrema está más baja que nunca. Según estimaciones de economistas, en el año 1820 más del 80% del total de personas vivían en pobreza extrema.

De igual manera, consideremos los enormes avances en el tema de la educación. El analfabetismo sigue afectando actualmente al 20% de la población mundial, pero dicho problema se redujo drásticamente de un estimado 70% en el año 1900. En el Occidente próspero, el crecimiento rápido del alfabetismo se logró en la primera etapa del siglo XX. En los países en desarrollo, mejoras igualmente sustanciales (y continuas) se hicieron entre 1970 y 2000, en las que China tuvo el avance más importante.

Los costos de la educación deficiente son sustanciales. Por ejemplo, Pakistán y Corea del Sur empezaron más o menos con el mismo nivel de educación e ingresos en los años cincuenta. Ahora, los surcoreanos tienen en promedio doce años de educación, mientras que el promedio para la población de Pakistán es de menos de seis años. El ingreso per cápita de Corea del Sur creció 23 veces durante dicho periodo, en comparación con el de Pakistán, que se triplicó.

Conjuntamente con el Centro, Consenso de Copenhague, (Copenhagen Consensus), economistas han tratado de evaluar el costo que conlleva el analfabetismo. Calculamos que de no haber habido analfabetismo en el año 1900, el mundo habría tenido una riqueza mayor de 240 mil millones de dólares (ajustado a la inflación), que equivale a alrededor del 12% del PIB global de la época. Así pues, el problema del analfabetismo mundial en 1900 se puede decir que costó al mundo 12% del PIB. Ahora, el costo debido al analfabetismo cayó al 7% del PIB. Para 2050, cuando el analfabetismo alcance aproximadamente el 12%, el costo habrá bajado a tan solo 3.8% del PIB.

Asimismo, la guerra conlleva un alto costo humano y económico. Sin embargo, mientras que las imágenes de guerra que vemos son más inmediatas e intensas que nunca, nuestra percepción de conflicto omnipresente está mal. En el siglo XX, 140 millones de personas murieron debido a conflictos, incluidos los 78-90 millones de personas de las dos guerras mundiales.

Las buenas noticias, que a menudo no se mediatizan (precisamente porque son buenas), es que los contextos en los que el gasto militar es más elevado, o se mantuvo igual o más bajo en el futuro sugieren que los altos costos militares del siglo XX se han transformado en lo que parece ser un dividendo de paz permanente. La Primera Guerra Mundial costó alrededor de 20% del PIB global, y la Segunda Guerra Mundial costó dos veces más.

Al analizar el costo de los conflictos, economistas del Centro, Consenso de Copenhague, estiman los verdaderos gastos militares mundiales. Si también se toma en cuenta las bajas humanas por la guerra, las estimaciones aumentan aproximadamente 50%.

De acuerdo con estos cálculos, los gastos militares anuales del siglo XX tuvieron un promedio de aproximadamente 5% del PIB. Con todo, desde el record de 7% en la Guerra de Corea, los costos globales han disminuido continuamente, a 3.5% en 1980 y aproximadamente a 1.7% actualmente. Incluso, desde una perspectiva pesimista, el aumento será de tan solo 1.8% para 2050; bajo un escenario más optimista, los costos militares podrían reducirse más, a 1.6% del PIB.

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Todavía hay muchos problemas en el mundo, como señalan todos los días las noticias. Necesitamos enfocarnos en eliminar la pobreza, desterrar el analfabetismo y promover la paz. Pero también tenemos que recordar que el mundo es mejor lugar de lo que creemos.

Traducción de Kena Nequiz