La energía para el desarrollo

CANBERRA – Las priorizaciones son parte inherente de nuestra vida. Todos podemos verlo en el caso de nuestros presupuestos personales. Para reparar el techo, puede que tengamos que conformarnos con unas vacaciones de verano menos extravagantes. Cuando elegimos un vino menos oneroso, podemos gastar en el postre.

Las priorizaciones también impregnan las políticas ambientales: por ejemplo, reducir más el uso de un contaminante disminuye recursos para atender otros asuntos. Otro ejemplo, el carbón es demasiado contaminante, pero también ofrece energía más fiable y asequible, lo que impulsa el desarrollo. En los últimos treinta años, China ha logrado sacar de la pobreza a 680 millones de personas, principalmente mediante el uso de carbón. El chino promedio se ha vuelto trece veces más rico.

Al mismo tiempo, Beijing y otras muchas metrópolis chinas están experimentando un esmog de efecto debilitador, que evoca el Londres de los años cincuenta. Alrededor de 1.2 millones de chinos mueren prematuramente cada año debido a una contaminación del aire exterior. Mediciones en la ciudad de Beijing muestran que el aumento de 16% de la contaminación del aire se debe al carbón. El Banco Mundial estima que los costos totales anuales en China por la contaminación del aire –según lo que los propios chinos indican que están dispuestos a gastar para reducir el riesgo de morir– podrían ser de hasta un importante 4% del PIB.

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