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El viejo nuevo mundo de la biotecnología

Quienes son escépticos acerca de la biotecnología la descalifican como algo no probado, no demostrado, no natural e incontrolable. Nada podría estar más lejos de la verdad. Por el contrario, ni la biotecnología ni la ingeniería genética son algo nuevo, y los consumidores, gobiernos e industrias tienen una experiencia prolongada, amplia y positiva con ambas.

La biotecnología temprana (la aplicación de los sistemas biológicos a procesos técnicos o industriales) se remonta al 6000 A.C., cuando los babilonios utilizaban microorganismos especializados para la fermentación y producción de bebidas alcohólicas. La ingeniería genética se puede ver en el reconocimiento del hombre de que los animales y las plantas de cultivo se pueden seleccionar y criar para mejorar las características deseadas. Los primeros biólogos y agricultores llevaron a cabo la selección de rasgos deesados, generando cambios (aunque comprendían muy poco en qué consistían éstos) en el material genético de los organismos.

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Para decirlo de otra manera, la "naturaleza" no nos dio uvas sin semillas, ni el tangelo (un híbrido entre mandarina y uva) ni las fresas resistentes a los hongos: los agricultores y criaderos de plantas lo hicieron. Durante el siglo pasado, la mejor comprensión de la genética a nivel molecular ha contribuido a la sofisticación de la mejora genética de todo tipo de organismos.

Quienes se oponen a la biotecnología lanzan repetidas e insistentes advertencias acerca del desplazamiento de "genes fuera de control" entre los cultivos y sus parientes silvestres (o domesticados). Pero, a riesgo de mezclar metáforas, este es un "falso señuelo".

El flujo de genes ocurre con mucha frecuencia. Todas las plantas de cultivos tienen parientes en algún lugar, y es común que ocurra un flujo de genes si las dos poblaciones de cultivan cerca una de la otra. El flujo de genes de parientes silvestres a plantas de cultivo incluso puede ser estimulado por los agricultores de subsistencia para mantener la base genética general de las variedades que plantan, al usar semillas cosechadas en un cultivo anterior. Tal flujo de genes no ocurre cuando los agricultores compran sus semillas a productores de semillas, por supuesto, pero en ese caso el flujo de genes en la otra dirección es también posible: los genes de la planta cultivada pueden terminar en su pariente silvestre.

Es más probable que esto ocurra si los genes de la planta de cultivo aportan una ventaja selectiva al receptor, lo que es poco común en el caso de la manipulación de genes, cuando lo más frecuente es que el gen agregado haga que el receptor tenga una des ventaja natural. El peor escenario sería la transferencia de genes desde plantas diseñadas para tener una mayor resistencia a ciertos herbicidas. Una vez que el gen se ha trransferido al pariente silvestre, habrá una fuerte presión de selección para quedarse allí si se utiliza el mismo herbicida, haciendo que los parientes silvestres más propensos a desarrollar maleza sean más difíciles de controlar. Pero incluso este escenario no plantea problemas de seguridad ecológica o alimentaria. Puesto que, si se volviera inconveniente el uso de un herbicida, los agricultores podrían usar otro.

La transferencia de genes es una preocupación de muy larga data para los agricultores. Cultivando cientos de tipos de plantas, de las cuales prácticamente todas habían sido mejoradas genéticamente, quienes practicaban la agricultura "convencional" en América del Norte desarrollaron meticulosas estrategias para prevenir la contaminación cruzada del polen en los campos, siempre que fuera necesario por razones comerciales.

Un buen ejemplo es la canola, la semilla de colza genéticamente mejorada desarrollada hace medio siglo por los criadores de plantas canadienses. El aceite original de colza era dañino si se ingería, debido a sus altos niveles de ácido erúcico. Después de que la cría convencional de plantas produjo variedades de colza con bajas concentraciones de ácido erúcico, el aceite de canola se convirtió en el de mayor consumo en Canadá. Pero el aceite de colza con altos niveles de ácido erúcico aún se usa como lubricante y plasticizador. De modo que las variedades de colza con alto y bajo contenido de ácido erúcico se deben segregar cuidadosamente en el campo y los procesos posteriores a éste. Los agricultores y procesadores canadienses hacen esto de manera rutinaria y sin problemas.

Estas aplicaciones de la biotecnología convencional, o ingeniería genética, representan monumentales éxitos científicos, tecnológicos, comerciales y humanitarios. Pero las técnicas eran relativamente poco sofisticadas y recientemente se las ha complementado (y en muchos casos, reemplazado) con la "nueva biotecnología", un conjunto de técnicas de habilitación que hacen posible la modificación genética a nivel molecular. El prototipo de estas técnicas, que en su conjunto se denominan manipulación o modificación genética ("MG") es un método más preciso, mejor comprendido y más predecible para alterar material genético de lo que era posible con anterioridad.

Un bien fundamentado y prestigioso análisis realizado en 1989 por el Consejo Nacional de Investigación de EEUU resumió el consenso científico: "Con las técnicas clásicas de transferencia genética, es posible transferir una cantidad variable de genes, dependiendo del mecanismo de transferencia. Pero es difícil predecir la cantidad precisa de rasgos que se han transferido y no siempre podemos predecir los rasgos resultantes. Con los organismos modificados mediante métodos moleculares, estamos en una mejor posición, si bien no perfecta, para predecir estos rasgos".

El "producto" deseado de la manipulación genética puede ser el organismo modificado mismo (una bacteria que limpie los derrames de petróleo, un virus debilitado que se pueda usar como vacuna, o un árbol de papaya resistente a los virus) o puede ser un producto biosintético de las células, como la insulina humana producida en las bacterias o el aceite exprimido de las semillas.

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En todo el mundo se han cultivado y cosechado plantas manipuladas genéticamente, en más de 100 millones de acres cada año. Más de dos tercios de los alimentos procesados en EEUU contienen ingredientes derivados de organismos manipulados genéticamente. Ni ha habido una sola mala experiencia que haya causado lesiones a personas o daños a ecosistemas. De modo que tanto la teoría como la experiencia confirman la extraordinaria predictabilidad y seguridad de la tecnología de manipulación genética y sus productos.

Las nuevas técnicas de manipulación genética han brindado una gran variedad de nuevas herramientas de investigación y productos comerciales , y han comenzado a cambiar la manera en que llevamos a cabo la investigación biológica y a aumentar las alternativas disponibles para los agricultores, productores de alimentos, médicos y consumidores. Pero no son más que una ampliación, o refinamiento, de los tipos de modificación genética que existieron antes de la era de la "nueva biotecnología". Así es que, bienvenidos al Viejo Nuevo Mundo de la Tecnología.