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Los adelantados de las vacunas en los países en ascenso

SEATTLE – Las vacunas obran maravillas. Impiden que se declaren las enfermedades, lo que es mejor que tratarlas a posteriori. Además, son relativamente baratas y fáciles de administrar. Sin embargo, millones de niños no las reciben. Es algo que siempre me ha parecido asombroso. Cuando hace quince años pusimos en marcha la Fundación Gates, suponíamos que ya se estaban adoptando todas las medidas evidentes y que deberíamos ocuparnos de soluciones onerosas o aún no demostradas. En realidad, la distribución de las vacunas básicas sigue siendo una de nuestras máximas prioridades.

Al pensar en 2014, me siento más optimista que nunca sobre los avances que podemos lograr recurriendo a las vacunas para brindar a todos los niños –dondequiera que vivan– un comienzo sano de su vida. Tenemos nuevos recursos debidos a donantes generosos de todo el mundo. Estamos elaborando nuevas y mejores vacunas para proteger a los niños contra enfermedades mortales y estamos buscando formas innovadoras de distribuirlas, en particular en zonas de difícil acceso.

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Una de las novedades más apasionantes –y con frecuencia pasada por alto– en la campaña mundial para dar acceso a la inmunización a todos los niños es el papel en aumento de los proveedores de vacunas de países en ascenso. Países como el Brasil, China y la India han afrontado muchos problemas propios en materia de desarrollo y de salud y han logrado avances enormes. Ahora están utilizando su experiencia y su capacidad técnica para ayudar a otros países a lograr avances similares.

El lector probablemente nunca haya oído hablar de muchas empresas farmacéuticas –el Instituto Serum de la India, Bharat Biotech, Biological E, el Grupo Nacional Biotec de China y Bio-Manguinhos, por citar sólo algunas– que han llegado a ser algunas de nuestras asociadas más valiosas en materia de salud mundial. Al utilizar el mismo espíritu innovador que transformó los mercados en ascenso en centros de toda clase de manufacturas, desde automóviles hasta computadoras, dichas empresas han llegado a estar en la vanguardia del suministro para el mundo de vacunas baratas y de calidad.

Una mayor competencia y los nuevos métodos de fabricación creados por dichas empresas han permitido proteger a un niño contra ocho enfermedades graves –incluidos el tétano, la tos ferina, la poliomielitis y la tuberculosis– por menos de treinta dólares. El Instituto Serum produce un número mayor de vacunas que ninguna otra empresa del mundo y ha desempeñado un papel decisivo en la reducción de los costos y el aumento de los volúmenes.

Gracias a las actividades de dichos proveedores y a sus estrechas asociaciones con la Alianza GAVI, los fabricantes multinacionales de vacunas y los donantes internacionales, se está inmunizando a más de cien millones de niños –más que nunca– al año. A medida que más proveedores entren en el mercado y estimulen la competencia con técnicas de fabricación innovadoras, es probable que los precios bajen aún más.

Pensemos en los avances logrados con la vacuna pentavalente, salvadora de vidas, que protege a los niños contra la difteria, el tétano, la tos ferina, la hepatitis B y la  Haemophilus influenzae tipo b (Hib), con una sola dosis. Cuando la Alianza GAVI la introdujo por primera vez en 2001, había un solo proveedor y costaba 3,50 dólares por dosis. Al aumentar la demanda de la vacuna, GAVI alentó a otros proveedores a entrar en el mercado y el precio cayó en picado. Ahora hay cinco proveedores y este año Biological E, empresa farmacéutica india, ha anunciado que ofrecerá la vacuna por tan sólo 1,19 dólares por dosis.

También hemos visto a países en ascenso invertir en tecnología biomédica para suministrar nuevas vacunas a países en desarrollo. El Departamento de Biotecnología de la India y Bharat Biotech han anunciado este año planes para poner a la venta una nueva vacuna contra los rotavirus, que matan a centenares de miles de niños, por un dólar la dosis, mucho más barata qua las vacunas existentes. Asimismo, el pasado mes de octubre una empresa biotecnológica china obtuvo la aprobación de la Organización Mundial de la Salud para comercializar una vacuna mejorada que protege a los niños contra la encefalitis japonesa. El mismo mes, el centro más importante de investigación e innovación biomédica del Brasil, Bio-Manguinhos, en asociación con la Fundación Gates, anunció planes para producir una vacuna combinada contra el sarampión y la rubeola.

Cuando participé por primera vez en actividades en pro de la salud mundial hace más de quince años, los anuncios de esa clase de eran escasos. El ámbito de las vacunas estaba dominado por un puñado de empresas farmacéuticas multinacionales de los países ricos y todo el sector padecía una falta de competencia. Actualmente, los fabricantes de países en ascenso producen el 50 por ciento, aproximadamente, de las vacunas compradas por los organismos de las Naciones Unidas para su utilización en el mundo en desarrollo, mientras que en 1997 era menos del diez por ciento.

Las contribuciones de los productores de vacunas de países en ascenso complementan con frecuencia la labor de sus homólogos de los países desarrollados. En realidad, algunas de las ideas más innovadoras se han debido a actuaciones combinadas. La Fundación Gates apoyó una importante asociación entre el Instituto Serum de la India y SynCo Bio Partners, productora holandesa de vacunas, para producir una barata destinada a proteger a más de 450 millones de personas de África contra la meningitis. Este año, Biological E anunció dos importantes asociaciones con fabricantes multinacionales de vacunas. Una asociación conjunta con GlaxoSmithKline producirá una que protegerá a los niños contra seis enfermedades infecciosas (entre ellas, la poliomielitis) con una sola dosis; otra, con Novartis, producirá dos vacunas que protegerán a millones de personas del mundo en desarrollo contra las fiebres tifoideas y paratifoideas.

Pese a todos esos avances, se debe hacer más para beneficiar a los 22 millones de niños, principalmente de los países más pobres, que no tienen acceso a las vacunas salvadoras de vidas. Sin la protección contra enfermedades mortales como el sarampión, la neumonía y los rotavirus, a muchos de esos niños se les está denegando la posibilidad de crecer sanos, asistir a la escuela y tener vidas productivas. También sus países pierden. Las enfermedades roban a los países pobres la energía y los talentos de su población, aumentan los costos de los tratamientos y obstaculizan el crecimiento económico.

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Vivimos en un mundo en el que tenemos la capacidad para corregir esa injusticia. Tenemos los conocimientos técnicos para producir vacunas eficaces y asequibles y distribuirlas a los niños que las necesitan. Los proveedores de vacunas de los países en ascenso son una parte decisiva de ese proceso. Gracias a sus contribuciones, estamos acercándonos cada vez más al día en el que todos los niños podrán tener un comienzo de vida sano.

Traducido del inglés por Carlos Manzano.