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¿“Cosecha de dolor” tecnológica?

CAMBRIDGE – La tecnología digital transformó la forma en que nos comunicamos, trabajamos, hacemos compras, aprendemos y nos entretenemos. Es posible que en poco tiempo, tecnologías como la inteligencia artificial (IA), el big data e Internet de las Cosas (IdC) reformulen por completo la atención médica, la energía, el transporte, la agricultura, el sector público, el medioambiente e incluso nuestras mentes y cuerpos.

La aplicación de la ciencia a los problemas sociales generó grandes beneficios en el pasado. Mucho antes de la invención del microprocesador de silicio, innovaciones médicas y tecnológicas ya habían vuelto nuestras vidas mucho más cómodas (y largas). Pero la historia también está repleta de desastres causados por el poder de la ciencia y el afán de mejorar la condición humana.

Por ejemplo, los intentos de aumentar la productividad agrícola con el auxilio de la ciencia y la tecnología en el contexto de la colectivización en la Unión Soviética y en Tanzania fueron totalmente contraproducentes. Y a veces, los planes de remodelar ciudades apelando a la planificación urbana moderna las dejaron casi destruidas. El politólogo James Scott denominó “alto modernismo” a esos intentos de transformar la vida ajena mediante la ciencia.

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