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El Gran Capital se funde con el Gran Hermano

PARÍS – En todo el mundo, los usuarios de Internet juguetean con ilusiones románticas acerca del ciberespacio. A la mayoría de los cibernavegantes, la Internet nos da una falsa sensación de libertad, poder y anonimato completos.

Por supuesto, de vez en cuando nos llegan mensajes y avisos no deseados que tienen una misteriosa relación con nuestros hábitos más íntimos. Nos recuerdan que, de hecho, los usuarios de Internet estamos bajo una constante vigilancia. Cuando los vigilantes solamente tienen motivos comerciales, este "correo basura" se siente como una violación menor. Sin embargo, en China o Rusia los que llevan a cabo esta vigilancia no son vendedores indeseados, sino la policía.

Así que los activistas rusos de los derechos humanos y la organización ecologista Onda Ambiental del Baikal no deben de haberse sentido muy sorprendidos cuando este mes policías de carne y hueso -no programas automáticos de Internet- confiscaron sus computadoras y los archivos que contenían. En tiempos de la Unión Soviética, la KGB habría encerrado a estos disidentes anti-Putin por sufrir de "desórdenes mentales". Como se supone que ésta es una "nueva Rusia", se acusa a los ciber-disidentes de violar derechos de propiedad intelectual.

El asunto es que, vea usted, estaban usando equipos con programas de Microsoft y no pudieron demostrar que no estaban pirateados. Al confiscarlos, la policía rusa supuestamente podía comprobar si el software que usaban los activistas se había instalado legalmente o no.