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El triángulo asiático de Biden

CAMBRIDGE – La actuación de Biden frente a China será una de las cuestiones definitorias de su presidencia. Hereda una relación sinoestadounidense que se encuentra en su peor momento en cincuenta años. Algunos culpan por esto a su predecesor, Donald Trump. Pero la culpa que merece Trump es por echarle gasolina al fuego. Fue la dirigencia china la que encendió y alimentó las llamas.

Durante la década que pasó, los líderes chinos abandonaron la política de moderación de Deng Xiaoping expresada en la consigna «ocultar la fuerza y esperar el momento» y aumentaron la asertividad en muchas formas: construcción y militarización de islas artificiales en el Mar de China Meridional, incursiones en aguas cercanas a Japón y Taiwán y dentro de la India en la frontera común en los Himalayas, presiones económicas a Australia por atreverse a criticar a China.

En materia comercial, China desniveló el campo de juego mediante subsidios a sus empresas estatales y la imposición a compañías extranjeras de transferir propiedad intelectual a sus socios chinos. La respuesta de Trump, con sus aranceles que alcanzaron a aliados además de a China, fue torpe, pero tuvo fuerte apoyo bipartidario cuando excluyó del mercado estadounidense a empresas como Huawei, cuyos planes de construcción de redes 5G planteaban riesgos de seguridad.

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