buchholz8_MENAHEM KAHANAAFP via Getty Images_israelgaspipeline Menahem Kahana/AFP via Getty Images

Más gasoductos, menos Putin

SAN DIEGO – Griegos, egipcios, palestinos e israelíes no suelen coincidir en nada, excepto tal vez el hummus. Por eso, cuando se ponen de acuerdo en otras cuestiones, hay que tomarse en serio lo que piensan. En 2020, sus dirigencias dejaron a un lado viejas afrentas y modernos resquemores y acordaron la construcción de un nuevo gasoducto para el transporte de gas natural desde yacimientos recién descubiertos en el Mediterráneo hasta Europa.

Esos griegos, egipcios, palestinos e israelíes fueron prescientes. No sabían que los precios se iban a cuadruplicar, o que Vladímir Putin convertiría el gas ruso en un arma bélica y comercial. Por desgracia, apenas el presidente estadounidense Joe Biden ingresó a la Casa Blanca en 2021, envió emisarios a suprimir los planes, sobre la base de una argumentación medioambiental incierta.

Describo la directiva de la administración Biden en esos términos porque la filtraron funcionarios del Departamento de Estado de los Estados Unidos en un documento extraoficial (un «non‑paper»). Obviamente, el texto no tiene la huella de Biden, quien en 2014, siendo vicepresidente, elogió el gasoducto planeado, al que consideró beneficioso para todas las partes. El salvaje ataque de Putin a Ucrania (cuyo combustible literal son las reservas rusas de gas natural) es la clara demostración de que los asesores de Biden tienen que dar un vuelco inmediato y apoyar la construcción del gasoducto EastMed.

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