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Cuidado con los osos sonrientes

VARSOVIA -- ¿Recuerda el lector el Pacto de Cooperación y Asociación (PCA), encaminado a consagrar los “valores compartidos” entre Rusia y la Comunidad Europea? El PCA, firmado en 1994 durante los esperanzados primeros tiempos de la primera democracia jamás habida en Rusia, fue reforzado en 1999 por la creación de la Política de Defensa y Seguridad Común de la Unión Europea  (PDSC).

Las dos partes se refieren con frecuencia a ese deseo de forjar relaciones más estrechas como una “asociación estratégica”, pero, cuando el Presidente francés, Nicolás Sarkozy, y la Canciller alemana, Angela Merkel, se reúnan con el Presidente Dmitri Medvedev en Deauville, sería oportuno reconocer que el Kremlin parece estar cambiando los términos de esa incipiente relación.

A raíz del aparente abandono por parte de Rusia de la democratización durante la presidencia de Vladimir Putin y de las guerras en Chechenia y en Georgia, la UE ha adoptado un lenguaje cada vez más cauto y parece mostrarse menos optimista sobre las perspectivas de una asociación real.

Así, la Estrategia Europea de Seguridad, aprobada en 2004, dice sólo que “debemos continuar procurando lograr unas relaciones más estrechas con Rusia, factor de la mayor importancia para nuestra seguridad y prosperidad. El respeto de los valores comunes reforzará los avances hacia una asociación estratégica”.