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La agenda faltante de Barack Obama sobre la libertad

En su segundo día en el cargo, el Presidente Barack Obama hizo un gesto muy importante para restaurar la constitución y el Estado de derecho al firmar dos órdenes ejecutivas: una cerró la prisión de la Bahía de Guantánamo y la otra puso a Estados Unidos de nuevo en compañía de las naciones civilizadas con el cierre de los llamados “sitios negros” que facilitaban la tortura sancionada por el Estado.

Es un buen comienzo y hay que dar crédito tanto a Obama como a los millones de estadounidenses que alzaron sus voces y corrieron riesgos para luchar contra la creciente tiranía. Pero no es suficiente. Hay un discurso que todavía no hemos escuchado, en el que se detallarían cinco tareas que, con el fin de reparar el daño que la administración anterior causó a la libertad, debe emprender con la misma celeridad con la que se ocupó de las dos primeras órdenes ejecutivas. La sustancia del discurso debería ser algo así:

“Compatriotas estadounidenses, los Fundadores tuvieron la sabiduría para garantizar nuestras libertades de muchas maneras. No podían garantizar nuestras almas. Eso depende de nosotros y de la forma en que actuemos.

En todas las religiones principales se plantea una versión de la siguiente pregunta: ¿de qué nos sirve ganar riqueza y poder si perdemos nuestros valores morales? En los últimos ocho años participamos en actos que pusieron en peligro el alma misma de nuestra nación. El mayor delito que cometimos o toleramos fue el ataque despiadado a nuestra apreciada constitución.