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La revolución americana de Barack Obama

Durante ocho años, Georges W. Bush se las ha arreglado para encarnar y reforzar todos los prejuicios y estereotipos negativos del mundo sobre los Estados Unidos. Se ha granjeado la antipatía del mundo más que ningún otro Presidente americano anterior a él, con lo que ha dañado gravemente el poder “blando” de los Estados Unidos mediante un uso ineficiente y excesivo de su poder “duro”.

Así, pues, la de reconciliación de los Estados Unidos consigo mismos y con el mundo debe ser la doble prioridad para el próximo Presidente de los Estados Unidos. Si hay un candidato que puede hacerlo, que puede contribuir, en una fracción de segundo, a restablecer la reputación internacional de los Estados Unidos, es Barack Obama.

A veces los períodos excepcionales crean dirigentes excepcionales. Sin la Revolución Francesa, Napoleón Bonaparte habría seguido siendo un oficial subalterno muy dotado y frustrado. Asimismo, el período actual en los Estados Unidos y sus relaciones con el mundo han sido en verdad excepcionales, por lo que hace falta un dirigente que pueda poner en tela de juicio fundamentalmente la opinión, que sostiene una mayoría mundial, de que los Estados Unidos se han vuelto arrogantes, impotentes y egoístas.

Naturalmente, los antiamericanos intransigentes nunca se convencerán, pero siguen siendo una minoría, con la posible excepción del mundo musulmán. La mayoría silenciosa está lista para dejarse convencer de que el mundo no se acaba con Bush.