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Barack Obama y el poder de los Estados Unidos

CAMBRIDGE – Uno de los primeros retos a que se enfrentará el Presidente Barack Obama son los efectos de la crisis financiera en curso, que ha puesto en duda el futuro del poder de los Estados Unidos. Un artículo publicado en la revista The Far Eastern Economic Review afirma que “El desmoronamiento de Wall Street presagia un movimiento telúrico global: el comienzo del debilitamiento del poder de los Estados Unidos”. El Presidente ruso, Dmitri Medvedev, considera la crisis como una señal de que el liderazgo global estadounidense está llegando a su fin, y el Presidente venezolano, Hugo Chávez, ha declarado que ahora Beijing es mucho más relevante que Nueva York.

Con todo, el dólar, el símbolo del poder financiero estadounidense se ha fortalecido, en lugar de debilitarse. Como señala Kenneth Rogoff, profesor de Harvard y ex economista en jefe del FMI, “Es irónico que, dado que acabamos de cometer errores graves, la respuesta de los extranjeros sea traer más dinero. No saben a dónde más recurrir. Parece que ellos tienen más confianza en nuestra capacidad para resolver nuestros problemas que nosotros mismos”.

Solía decirse que cuando los Estados Unidos estornudaban, al resto del mundo le daba pulmonía. Más recientemente, muchos sostenían que con el crecimiento de China y los Estados petroleros, una desaceleración en los Estados Unidos estaría desconectada del resto del mundo. Pero cuando a Estados Unidos le dio la gripe financiera, otros se contagiaron. Muchos líderes extranjeros pasaron pronto del regocijo burlón al miedo – y a la seguridad de los bonos de la tesorería estadounidense.

Las crisis a menudo refutan la sabiduría popular, y ésta ha revelado que el poderío subyacente de la economía estadounidense sigue siendo impresionante. El mal desempeño de Wall Street y las instancias de reglamentación de los Estados Unidos le han costado al país mucho en términos del poder blando derivado del atractivo de su modelo económico, pero el golpe no tiene por qué ser mortal si, a diferencia de Japón en los años noventa, los Estados Unidos logran absorber las pérdidas y limitar los daños. El Foro Económico Mundial sigue calificando a la economía estadounidense como la más competitiva del mundo debido a la flexibilidad de su mercado laboral, su educación superior, su estabilidad política y su apertura a las innovaciones.