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Barack Obama, verdadero amigo de Israel

HAIFA – ¿Cómo se sabe cuándo un amigo es verdadero? Por el hecho de que cree y confía en uno, y nos dice con honestidad nuestros errores, los que trata de ayudarnos a corregir. Ese es el tipo de amigo que quiero a mi lado, no alguien que apruebe automáticamente todo lo que hago, me declare su afecto y me acepte tal como soy.

Desde su gran victoria militar en la Guerra de los Seis Días de 1967, cuando repelió a las fuerzas armadas combinadas de Egipto, Siria y Jordania, que habían proclamado abiertamente su deseo de destruir el estado judío, Israel ha estado sumido en una confusión militar e ideológica resultante de las conquistas que hizo en aquel conflicto.

Tras la Guerra de los seis Días, Israel no consideró las tierras conquistadas como algo a negociar a cambio de paz, y con eso inducir al mundo árabe y a los palestinos a reconocer su legitimidad y asegurar la desmilitarización de los territorios palestinos tras su restitución. En lugar de ello, -ya sea debido a su desconfianza en sus enemigos o un deseo de anexarse algunos de los territorios- comenzó a seguir una política de asentamientos. Sin embargo, al hacerlo creó una realidad difícil de revertir.

Los asentamientos no militares de Israel son, y siempre lo han sido, irrelevantes para la seguridad del país. Por el contrario, debido a que se encuentran en el centro de la población palestina, son objetivos convenientes para ataques terroristas y requieren de medidas defensivas especiales, como el despliegue de grandes fuerzas militares para patrullaje y vigilancia. Incluso en los Altos del Golán, donde no hay presencia siria, los asentamientos, ubicados a unos cuantos kilómetros de enormes concentraciones de tropas sirias, crean una pesada carga porque, en caso de guerra, el ejército israelí se verá obligado a evacuarlos rápidamente, como ocurrió durante la guerra del Yom Kippur en octubre de 1973.