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La errónea vía de escape de Japón

LONDRES – Los mercados financieros se vieron sorprendidos por la reciente introducción por parte del Banco de Japón (BDJ) de tasas de interés negativas a algunas de las reservas bancarias comerciales, pero tenían por qué. Es evidente que el BDJ debía adoptar nuevas medidas para lograr su objetivo inflacionario del 2%, pero ni las tasas de interés negativas ni una ampliación adicional de su ya enorme programa de facilitación cuantitativa (FC) bastarán para hacer frente a las intensas fuerzas deflacionarias que afectan hoy al país.

En 2013, el BDJ predijo que sus operaciones de FC permitirían alcanzar un 2% de inflación en dos años, pero a 2015 la inflación base (que excluye a aquellos elementos volátiles como los alimentos) fue de apenas un 0,5%. Con la caída de diciembre del gasto del consumidor y las ganancias promedio, la meta del 2% parece cada vez más difícil de alcanzar.

La imprevista gravedad de la desaceleración de China es el último factor en afectar los pronósticos del BDJ, pero es la consecuencia predecible (y predicha) de la dinámica de su deuda, cuyas raíces se remontan a 2008.

El excesivo crecimiento del crédito privado en las economías avanzadas antes de 2008 causó el sobreendeudamiento de muchas compañías y hogares, y sus intentos de desapalancamiento tras la irrupción de la crisis financiera global amenazaron las exportaciones, el empleo y el crecimiento de China. Para hacer frente a tal riesgo, las autoridades chinas generaron un enorme auge de la inversión a través del crédito, haciendo que la relación de deuda a PIB subiera del 130% a más del 230%, y que la tasa de inversión pasara de representar un 41% a un 47% del PIB. A su vez, esto causó un auge global de las commodities y una fuerte demanda de importaciones de bienes de capital procedentes de países como Corea del Sur, Japón y Alemania.