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La reescritura del guion que sigue la política monetaria

MÚNICH – ¿Durante cuánto tiempo confiaran ciegamente los principales bancos centrales en reglas rígidas para controlar la inflación y estimular el crecimiento? Teniendo en cuenta los claros beneficios de una política monetaria ágil, los banqueros centrales deberían abrir sus ojos a las posibilidades que brinda la flexibilidad.

La regla de oro para los formuladores de políticas monetarias ha sido que si la inflación está por debajo de los rangos objetivos oficiales, las tasas de interés a corto plazo deberían establecerse a un nivel que estimule el gasto y la inversión. Este enfoque ha significado que una vez que las tasas de interés alcancen o se acercan a cero, los bancos centrales no tienen otra opción que activar grandes programas de compra de activos que supuestamente estimulan la demanda. Cuando las circunstancias lo exigen, los formulares de políticas siguen de manera automática los guiones predeterminados de los modelos económicos neo-keynesianos.

Pero, en demasiados casos, esos guiones nos han llevado por mal camino, porque suponen que la política monetaria tiene un impacto mensurable y previsible sobre la demanda y la inflación. Hay muchas razones para cuestionar este supuesto.

Para empezar, los hogares no han respondido a las tasas de interés muy bajas ahorrando menos y gastando más. Si los ahorros ya no generan ganancias, las personas no pueden permitirse el lujo de pagar por artículos de alto precio o hacer pagos para su futura jubilación. De igual manera, las empresas se enfrentan hoy a tal cantidad de incertidumbre y a tantos riesgos que los costos cada vez más bajos del capital no las han tentado a invertir más.