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De vuelta al decenio de 1960

BERKELEY -- Las quejas de los efectos inflacionarios de la política monetaria no cesan de aumentar, pese a que apenas hay asomo de inflación en los Estados Unidos. Las economías que están reduciendo su retraso con un rápido crecimiento están esforzándose denodadamente para no verse arrastradas por un torrente de entradas de capitales. Ha habido destacados encargados de la formulación de políticas, que buscan urgentemente soluciones substitutivas del averiado sistema monetario de los Estados Unidos, que han llegado hasta el extremo de hablar del regreso al patrón-oro.

No estoy hablando de 2011, sino de 1964. No es la primera vez en que nos encontramos en esta situación.

En 1964, eran las economías de Europa, que crecían rápidamente y seguían reduciendo su retraso respecto de los EE.UU., las que gritaban contra la Reserva Federal. Según sostenían, a consecuencia de una política americana imprudentemente expansionista, se veían inundadas con financiación importada. Los EE.UU. estaban “exportando inflación”.

Los funcionarios americanos replicaron que las entradas financieras reflejaban el subdesarrollo de Europa en materia de mercados de capitales. El problema de la inflación en Europa era una consecuencia de la renuencia de sus bancos centrales a aplicar una política mucho más restrictiva y de la vacilación de los países europeos a la hora de dejar que se apreciaran sus divisas, que reflejaba su ya antiguo compromiso con un crecimiento orientado a la exportación.