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Regreso al futuro, cortesía de la Argentina

Con frecuencia se califica al Presidente Néstor Kirchner de la Argentina de radical anticapitalista por haber propuesto un recorte de más del 90 por ciento del valor de la deuda externa no saldada de la Argentina, pero, sean cuales fueren sus motivos, la ansiedad que propició el acuerdo en el último minuto de la Argentina con el FMI para saldar la deuda de 3.100 millones de dólares con esa institución mundial de préstamo puede servir para rescatar aquello en lo que consiste en verdad el capitalismo: el juicio apropiado sobre el riesgo.

El desarrollo económico entraña corrientes financieras y la acumulación de deuda. En el marco interno de un país, la quiebra y la suspensión de pagos son algo corriente. De hecho, una señal característica de vitalidad económica es la frecuencia de las quiebras, pues los fracasos de empresas indican la voluntad de apostar y aceptar riesgos con la innovación.

En la actualidad hay un mayor nivel de quiebras en los Estados Unidos que en la Unión Europea y a los americanos en quiebra les resulta más fácil lanzarse a nuevas empresas. Gracias a ello, los americanos están más preparados para ser innovadores.

Pero en la historia de las finanzas internacionales durante los sesenta últimos años, casi no se ha oído hablar de quiebras y suspensiones de pagos. Una consecuencia de ello es la de que los mercados internacionales no son tan dinámicos como podrían serlo y la prosperidad no está tan generalizada.