bildt73_David GrayGetty Images_australiafire David Gray/Getty Images

¿Se le ha acabado la suerte a Australia?

MELBOURNE – Si se mide con cualquier estándar razonable, Australia está muy lejos de la mayoría de los demás países. Sídney está más cerca del Polo Sur que de Singapur. Volar en vuelo directo desde Washington, DC, o de Bruselas a Canberra sigue estando más allá de nuestras capacidades técnicas; siempre hay una escala en algún punto.

De todos modos, para mejor y para peor, la geografía es menos importante de lo que solía ser. Puede que Australia sea remota, pero está muy presente en el mundo. De hecho, ya está en la primera línea de dos retos globales que darán forma a la agenda internacional en las décadas venideras. Pase un par de días en el país y se dará cuenta rápidamente de que su debate político gira en torno a China y al cambio climático, y a veces una combinación de ambos. Muy pronto lo mismo valdrá para muchos otros países del planeta.

De entre las democracias del mundo, Australia es quizás la que más depende de China en lo económico. Es el mayor exportador neto de carbón del mundo, y China es su principal cliente. En consecuencia, depende más de las exportaciones de combustibles fósiles que muchos otros países, por lo que tiene más que perder a medida que el cambio climático se vaya cobrando sus costes en el mundo real.

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