Australia Storm Tim Donnelly/Flickr

No hay agnósticos en la trinchera climática

SYDNEY – En un vuelo reciente de 14 horas y media de Los Ángeles a Sydney, tuve tiempo de leer la colección de ensayos del columnista Charles Krauthammer Things that Matter (Las cosas que importan). Terminó siendo un viaje perturbador.

Disfruté de los textos de Krauthammer a lo largo de los años, pero había algo en su libro que me pareció profundamente inquietante: su descripción de sí mismo como un "agnóstico" del cambio climático. Él "cree instintivamente que inyectar grandes cantidades de dióxido de carbono en la atmósfera no puede ser algo muy bueno, y aun así "está igualmente convencido de que quienes presumen de saber exactamente cuál es la consecuencia de ello están hablando tonterías".

La palabra que me pareció más molesta fue "agnóstico" -no sólo porque Krauthammer es un científico competente, sino también porque la palabra fue utilizada en repetidas ocasiones por el ex primer ministro australiano John Howard cuando se dirigió a un grupo de negadores del cambio climático en Londres a fines de 2013-. "Parte del problema con este debate", les dijo Howard a los escépticos allí reunidos, "es que para algunos de los fanáticos involucrados su causa se ha vuelto una religión sustituta".

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